El jueves 24 de septiembre, el cardenal Luis Antonio Tagle proclamó beato en San Luis, Misuri, al arzobispo que llegó a reunir 30 millones de espectadores semanales sin renunciar a hablar de Dios, de la Eucaristía y de las misiones

Fulton J. Sheen (1895-1979) fue el obispo estadounidense que, en la televisión en blanco y negro de los años cincuenta, se sentó frente a una pizarra y le arrebató la audiencia del horario de máxima audiencia a Frank Sinatra.

Fue también, durante dieciséis años, entre 1950 y 1966, el hombre al frente de las misiones católicas de Estados Unidos como director nacional de Obras Misionales Pontificias. El jueves 24, casi siete años después de la fecha en que estaba previsto y con un aplazamiento de por medio, el cardenal Luis Antonio Tagle lo proclamó beato tras el reconocimiento de un milagro atribuido a su intercesión.

Ante este reconocimiento de la Iglesia universal, recordamos algunas de las claves por las cuales su vida sigue dando lecciones tan vigentes, dentro y fuera de los medios de comunicación.

❶. Se puede ser profundo sin rebajar el nivel

Citaba a filósofos como Tomás de Aquino, Chesterton, Platón, san Agustín, o a Dante y Kierkegaard en horario de máxima audiencia, sin rebajar la profundidad de su pensamiento a eslóganes fáciles. En su mejor momento televisivo llegó a reunir hasta 30 millones de espectadores a la semana. Sheen demostró algo que hoy suena casi revolucionario: que el público, si se le trata como adulto, responde. No hizo falta vaciar de contenido el mensaje para llegar a las masas; hizo falta, más bien, confiar en que las masas podían con él.

❷. Los medios seculares no son territorio enemigo

Buena parte del catolicismo estadounidense de su época miraba a la cultura del país como una amenaza de la que había que resguardarse. Sheen hizo justo lo contrario. Llevó el mensaje católico directamente a la sala de las familias norteamericanas, fueran o no católicas. Entendió lo que a otros les costaría décadas asumir: que el medio de masas no era un enemigo del que huir, sino un púlpito que ocupar antes de que lo ocupara otro.

❸. La fuerza de la adoración eucarística

Desde que era seminarista, Sheen se comprometió con una hora diaria de oración ante el Santísimo. Murió el 9 de diciembre de 1979 precisamente en la pequeña capilla de su casa de Nueva York, encontrado en oración ante el Santísimo. Él mismo resumió esa disciplina con una frase: “Habrá que librar muchas batallas, pero la guerra se gana delante del Sagrario”.

❹. Amor por las misiones y la evangelización

Entre 1950 y 1966 dirigió en Estados Unidos la Sociedad para la Propagación de la Fe, una de las cuatro Obras Misionales Pontificias. No se limitó a recaudar dinero desde un despacho; convirtió cada programa en una invitación a mirar más allá de las propias fronteras, hacia las Iglesias jóvenes que apenas empezaban a nacer. Ese fue, probablemente, el trabajo que más le importó de toda su vida pública, y el que hoy sigue citando León XIV como modelo para todos los directores nacionales y diocesanos de las Obras Misionales Pontificias del mundo.

❺. Honestidad ante el dinero y la fama

Su fama no hizo que le temblara el pulso cuando el dinero de las misiones estuvo en juego. Cuando el cardenal Spellman, su superior eclesiástico en Nueva York, quiso desviar fondos recaudados para la Sociedad para la Propagación de la Fe hacia necesidades de la propia diócesis, Sheen se plantó y llevó la disputa hasta Roma.

Ganó el pleito pero poco después fue enviado como obispo a Rochester, un destino leído por muchos como un exilio disfrazado de ascenso. Renunció a esa sede en 1969 y pasó el resto de su vida en un apartamento de Manhattan, apartado de los focos que antes lo perseguían. No cambió de postura por conservar el favor de nadie, ni siquiera cuando esa honestidad le costó la carrera.

❻. Influencia en la vida del Papa León

León XIV ha contado, con nombre y apellido, que Sheen formó parte de su propia infancia. El pasado 1 de junio, ante la asamblea general de las Obras Misionales Pontificias, recordó que fue “testigo de su evangelización” cuando era niño en Chicago, y lo definió como “una luz de fe, esperanza y amor que brilló durante décadas por la radio y la televisión”.

Añadió que sus emisiones “tocaron a millones con la esperanza del Evangelio” y pidió que el ahora beato sea ejemplo para todos los responsables de las misiones en el mundo.

Artículo publicado originalmente en religionenlibertad.com

 

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 4 de octubre de 2026 No. 1630