Viaje Apostólico del Papa León XIV a Francia, donde llamó a reconstruir la vida social y eclesial desde la paz, el diálogo y la cercanía a quienes sufren. El Papa, desde Lourdes y en su Catequesis, invitó a rezar durante octubre el Rosario por el fin de las guerras, mientras que ante las monjas contemplativas dominicas reivindicó el silencio, la oración y el discernimiento como el «corazón latente» de la misión de la Iglesia.

Por Patricia Ynestroza – Vatican News

El viaje apostólico de León XIV a Francia estuvo marcado por la idea del «renacimiento», tanto en la fe como en la esperanza y la fraternidad, bajo el lema «Para que el mundo tenga la vida». En París, a partir de la reconstrucción de Notre-Dame, el Papa destacó la capacidad de las personas y las comunidades para levantarse después de las dificultades y subrayó la importancia de la colaboración entre la Iglesia, las instituciones y la sociedad. También señaló a los jóvenes, al servicio de los más necesitados y al aumento de quienes piden el Bautismo como signos de renovación y esperanza para la Iglesia en Francia.

En Lourdes, León XIV puso el acento en la dignidad de toda vida humana y en la cercanía hacia quienes sufren, especialmente las personas enfermas y las víctimas de abusos. En Metz, relacionó la historia de Francia y de Europa con la necesidad de un nuevo renacimiento basado en la paz, la democracia, la solidaridad y la fraternidad entre los pueblos. El Papa destacó así la importancia del diálogo, también entre las distintas tradiciones religiosas, para afrontar juntos los desafíos actuales y construir una sociedad más humana y esperanzada.

En octubre recemos el Rosario por el fin de las guerras

Al finalizar la Audiencia de ayer, al saludar a los peregrinos italianos, como ya había hecho con los alemanes, el Papa León XIV recordó su llamado, lanzado en Lourdes, a rezar el Santo Rosario durante el mes de octubre, que comienza hoy, dedicándolo «de manera especial al fin de las guerras y al logro de la paz».

Recuperar el valor del silencio

León XIV recibió a la Comisión Internacional de Monjas Contemplativas Dominicas y destacó que la vida contemplativa no está al margen de la misión de la Iglesia, sino que constituye su “corazón latente”. Recordó la tradición dominicana, que une la oración, el estudio y la escucha de Dios con la misión evangelizadora, y subrayó que toda palabra de anuncio debe nacer del silencio, la oración y una profunda relación con Dios.

El Papa invitó especialmente a las monjas a recuperar el valor del silencio, entendido como un acto de voluntad que permite escuchar a Dios, fortalecer las relaciones y crear espacios de libertad y verdad. En un mundo marcado por la rapidez y la necesidad de llenar inmediatamente cualquier vacío, las animó a escuchar al Espíritu Santo y a discernir qué pide hoy a la vida contemplativa, permaneciendo fieles a la tradición y abiertas a la novedad.

León XIV destacó el valor de su servicio a la Iglesia y las animó a vivirlo con confianza, unidad y discernimiento, manteniendo la fidelidad a la tradición sin cerrarse a las novedades y llevando al mundo ante Dios desde la vida contemplativa.