El Padre Fernando Pascual recurre a la imagen de unos náufragos para reflexionar sobre esos momentos en que las opciones se agotan y la esperanza parece depender de una última oportunidad
Por P. Fernando Pascual
Imaginemos la escena. Una nave acaba de hundirse cerca de la costa. Los náufragos ven ante sí varias playas que pueden salvarlos. Se acercan a la primera, pero las rocas y la corriente hacen imposible llegar a la costa. Prueban con la segunda, la tercera, la cuarta. Imposible. Queda la última playa, el último esfuerzo, la última oportunidad.
Hay situaciones de la vida que se parecen a la escena de los náufragos. Una deuda difícil de pagar: diversos intentos, incluso la venta de muebles y de joyas. Nada: no hay manera de cerrar esa deuda con sus intereses.
Nos gusta tener varias oportunidades, descubrir ante nosotros diversas opciones para salir de ese conflicto familiar, para empezar una terapia que funcione, para superar una tristeza interior que paraliza y destruye.
Luego vemos que las oportunidades disminuyen, hasta que pensamos que solo queda esa última alternativa, esa última playa, en la que ponemos todo nuestro esfuerzo con la esperanza de salir adelante.
Por desgracia, algunos ven cómo la última playa tampoco es accesible. Sienten que la lucha ha sido inútil. Queda solo la perspectiva de un fracaso que desmoraliza.
Para los cristianos, hay una playa disponible para todos. No hay situación, ni fracaso, ni pecado, que puedan apartar definitivamente a un corazón de la esperanza. Basta con abrirse a Dios, acoger humildemente la Sangre de Cristo, y entonces se hace posible ese milagro que llamamos salvación.
Quizá llegamos a esa última playa de la fe con heridas, con penas que no podemos aliviar aquí en la tierra. Pero el corazón experimenta la gracia de un amor eterno que nos llena de alegría, sobre todo cuando escuchamos las palabras del Maestro: “En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo” (Jn 16,33).
Imagen de Public Co en Pixabay

