Por PilgriMaps
Nueva Zelanda es conocida en todo el mundo por sus impresionantes paisajes, que sirvieron de escenario a las películas de El Señor de los Anillos. Sus montañas, bosques y valles se convirtieron en la Tierra Media de Tolkien. Pero este país del Pacífico guarda también un extraordinario patrimonio cultural y espiritual, con historias que merecen ser descubiertas.
Una de las más sorprendentes tiene como protagonista a la Virgen María. En Nueva Zelanda ha ocurrido algo poco habitual: en lugar de que los peregrinos viajaran hasta un santuario mariano, fue una imagen de la Virgen la que salió a recorrer el país en un momento difícil para encontrarse con ellos.
Entre 2021 y 2022, en plena pandemia de COVID-19, la imagen visitó iglesias, escuelas, pequeñas comunidades rurales y lugares de encuentro del pueblo maorí. Su representación también era singular: María vestía un korowai, el manto tradicional maorí, y el Niño Jesús llevaba una capa de plumas de kiwi.
Detrás de aquella peregrinación había una historia que comenzó casi dos siglos antes, en 1838, cuando el obispo francés Jean-Baptiste Pompallier llegó a Nueva Zelanda, celebró una de las primeras misas de la misión católica y dedicó el país a María Asunta al Cielo.
Durante la pandemia, los católicos neozelandeses recuperaron aquella antigua dedicación. Así nació Te Ara a Maria, el Camino de María, una iniciativa que en 2021 llevó una imagen mariana por las seis diócesis del país y culminó con la dedicación de un santuario nacional en Wellington. Hoy es un camino de peregrinación oficialmente reconocido.
Pero esta historia tiene una dimensión especialmente interesante: la imagen, obra del artista Damien Walker, incorpora símbolos de la cultura maorí y refleja el complejo encuentro entre el cristianismo europeo y los pueblos originarios de Nueva Zelanda.
En la newsletter de PilgriMaps de esta semana descubrimos esta sorprendente peregrinación, conocemos a Wiremu Tāmihana, un jefe maorí cristiano que intentó construir la paz frente a la expansión colonial, y nos acercamos al hāngī, una tradición gastronómica en la que la comida se prepara bajo tierra y la hospitalidad se convierte en una celebración comunitaria. Tres historias sobre la fe, la identidad y el difícil arte de encontrarse con el otro.
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Imagen «St Mary of the Angels, Wellington, New Zealand» por Itineris55 – Own work, CC BY-SA 4.0, Link

