Los hombres y los pueblos son manejados abusivamente como cosas por cuantos tienen alguna autoridad, tanto en el plano político, como en el económico.
Por P. Joaquín Antonio Peñalosa
Titiritero es una palabra tintineante, melodiosa, parece que suena una campana a lo lejos, una tímida cajita de música. Los más afamados títeres de México fueron los de Rosete Aranda que, por fortuna, se guardan y exhiben en el bellísimo Museo Rafael Coronel en Zacatecas, la ciudad de rosa y plata.
Este teatro de miniatura y gracia, de pequeñas figuras de pasta, cartón o madera, movidas por manos expertas y acompañadas de palabras y gestos, de cantos y música, nació en China. ¿Cuándo? Desde tiempo inmemorial, precisan los historiadores. Los títeres corrieron con éxito en la India, Egipto, Grecia y Roma; y a partir de la Edad Media, adquirieron notable expansión en la Europa occidental.
Hay dos clases de títeres: unos se mueven mediante los movimientos de la mano que se introduce en una especie de manga del muñeco; y otros mediante cinco hilos correspondientes a la cabeza y extremidades que el titiritero maneja a su placer. Son unos manipuladores excelentes.
Pero no tanto como los mil y un manipuladores con título y posgrado que hoy padecemos. El teatro guiñol está en pleno auge. Y el mundo se divide en titiriteros y títeres, manipuladores y manipulados, personas y objetos. Los hombres y los pueblos son manejados abusivamente como cosas por cuantos tienen alguna autoridad, tanto en el plano político, como en el económico.
La historia nos dice que la triste tendencia del hombre es manipular a los demás en beneficio propio. Si esta actitud justificaba en otros tiempos la esclavitud que no por ser más sutil y aparentemente inocua, es menos grave e injusta.
Manipuladores son los dueños omnipotentes del dinero y de la autoridad pública, con poder suficiente para coaccionar a los débiles, que no tienen posibilidad de romper los hilos poderosos de que penden y dependen.
Manipuladora es esta sociedad de masas que tiende a arrastrar a todos por caminos injustos, sin darnos cuenta de que abdicamos prácticamente de nuestra decisión personal. Manipuladores son los medios de comunicación social que crean una opinión pública que se nos impone casi si darnos cuenta. La publicidad, qué titiritero habilísimo para crearnos necesidades innecesarias, para imponernos decisiones sin casi ofrecer resistencia y para doblegar la voluntad, ayer de acero y hoy de gelatina.
Manipuladores pueden ser también los papás que se creen dueños absolutos de sus hijos, según les imponen sus propios modos de ser, de pensar y de actuar en detrimento del estilo y personalidad de un hijo que, de libre y consciente, se convierte en muñeco pasivo y desmuelado.
Hoy gran función de títeres de Rosete Aranda. ¿Dónde? En todas partes.
Artículo publicado en El Sol de San Luis, 1 de mayo de 1993; como “Hay de títeres a títeres”, El Sol de México, 20 de mayo de 1993.
Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 4 de octubre de 2026 No. 1630

