Por Jaime Septién

Más de 200 páginas de rostros que solo aparecen en esas fotos. La entrega del documento “Un nombre, mil voces” al papa León XIV por parte del obispo don Ramón Castro, presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano. El Papa se detiene en sus páginas, reza en silencio, inclina la mirada. La foto es elocuente. Demasiado dolor documentado por las cuatro instituciones que forman el Núcleo por la Paz.

Hablo con don Ramón la noche misma del encuentro con León XIV. Me recuerda todo el trabajo previo del Núcleo por la Paz, la conversación con el cardenal Parolin a su paso por México. Los 132,000 desaparecidos fueron llevados, como tema, al Santo Padre. Conmovido, León XIV mostró interés en conocer nombres, historias como la de Marco, que dejó sobre su cama una guitarra que nadie ha vuelto a tocar; la de Rocío, que no ha estado en los últimos cuatro cumpleaños de sus dos hijos, o la de Miguel, que hace cinco años y medio no le da los buenos días a su mamá.

El Núcleo por la Paz lanzó la convocatoria. Sus representantes en todos los estados del país documentaron 1,460 fotografías con nombres, con historias, con infinitas lágrimas. Como presidente de la CEM y a petición del Núcleo, don Ramón se lo entrega aprovechando su visita a Roma. León XIV se demora viendo las fotos, leyendo algunas de las historias. Sin palabras, quizá reza en silencio. Le pide a Dios por los padres de Marco, los hijos de Rocío, la mamá de Miguel. Y porque algún día regresen para abrazarlos.

–¿Qué vio usted, don Ramón, en los ojos del Papa ante esta monstruosidad?

–El Papa lo miró como verdaderamente un padre ve cuando alguno de sus hijos está sufriendo. Yo intuí, vi, sentí esa mirada de padre hacia esta gente que tanto sufre y que lleva heridas profundas. Eso me conmovió y eso creo, realmente, pone en evidencia la sensibilidad del Sucesor de Pedro.

Dios nos perdone. Dios perdone a México. Esto solo tiene un nombre: el horror.

 

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 18 de octubre de 2026 No. 1632