Ante la Virgen de Guadalupe, Mons. Cristóbal Ascencio García denunció las extorsiones, el desplazamiento de familias y el ingreso de jóvenes al crimen organizado. También lamentó la indiferencia de quienes tienen la responsabilidad de garantizar la seguridad.
Por Ana Paula Morales – Press Crux
«Como obispo, he tocado puertas que no se han abierto. He hablado, quizá, a oídos sordos». Con estas palabras, Mons. Cristóbal Ascencio García, obispo de Apatzingán, Michoacán, expresó el sufrimiento de las comunidades de su diócesis ante la violencia del crimen organizado y la falta de respuestas que, según denunció, ha encontrado al buscar soluciones.
El prelado pronunció estas palabras durante la homilía que presidió el miércoles 4 de noviembre en la Basílica de Guadalupe, en Ciudad de México, con motivo de la peregrinación anual de su diócesis.
Ante sacerdotes, religiosas y fieles llegados desde la región de Tierra Caliente, el obispo convirtió su reflexión en una oración dirigida a la Virgen María, a quien confió las preocupaciones que lleva como pastor.
«Madre, quiero decirte que me sigue preocupando la inseguridad y la violencia que vivimos en nuestra diócesis. Sé que todo México está pasando por la misma situación, pero eso no es consuelo para mí», expresó.
El obispo enumeró entonces las consecuencias de la violencia que observa en las comunidades bajo su responsabilidad pastoral.
«Me duele ver familias desplazadas que emigran por miedo a que les arrebaten la vida. Me duele tanto la extorsión que nos va conduciendo a la pobreza extrema. Me duelen tanto los jóvenes que ingresan a los grupos del crimen organizado, digo a los grupos porque son muchos».
También cuestionó a las autoridades que, a su juicio, no han dado a la seguridad la prioridad que merece.
«Me duele la indiferencia de aquellos que comprometieron velar por la seguridad del pueblo», señaló.
¿Por qué acudió a la Basílica de Guadalupe?
La celebración formó parte de la peregrinación anual de la diócesis de Apatzingán al santuario mariano del Tepeyac. Los peregrinos viajaron durante la noche para participar en la Eucaristía de la mañana.
«Qué alegría caminar toda la noche y amanecer en este lugar», expresó el obispo al comenzar su homilía.
Mons. Ascencio explicó que peregrinar significa ponerse en camino por devoción, pero también caminar junto a los hermanos, especialmente en las dificultades.
«La fe nos mueve y nos sostiene, nos ha sostenido en las situaciones difíciles», afirmó.
El prelado recordó las palabras que, según la tradición guadalupana, la Virgen dirigió a san Juan Diego: «¿No estoy yo aquí, que soy tu madre?».
A partir de esa pregunta, explicó por qué deseaba presentar ante María las preocupaciones de su diócesis.
«Como obispo de esta querida diócesis de Apatzingán, sé que aquí está nuestra madre y, con este grupo de peregrinos de esta diócesis, quiero expresarle mis preocupaciones».
La peregrinación se celebró el 4 de noviembre, memoria litúrgica de san Carlos Borromeo. El obispo explicó que había querido utilizar el formulario de la misa de Nuestra Señora de Guadalupe, dado el carácter mariano de la visita.
Michoacán: homicidios, desplazamientos y extorsiones
Las palabras del obispo se producen en una región marcada durante años por la disputa territorial entre organizaciones criminales, particularmente en municipios como Apatzingán, Aguililla, Buenavista y Tepalcatepec.
Las consecuencias de esta violencia no se limitan a los homicidios. También incluyen desplazamientos forzados, amenazas, extorsiones, interrupciones de actividades económicas y dificultades para acceder a servicios esenciales.
Según cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, Michoacán registró 1,267 víctimas de homicidio doloso durante 2025.
Los datos oficiales muestran una disminución durante 2026. Entre enero y agosto se contabilizaron 543 víctimas, frente a 913 en el mismo periodo de 2025, una reducción del 40.5 %.
Asimismo, las autoridades estatales informaron que octubre de 2026 cerró con 65 víctimas de homicidio doloso, frente a 109 en octubre del año anterior.
Sin embargo, la reducción de los homicidios no significa que hayan desaparecido otras formas de violencia que afectan a las comunidades.
El informe Travesías forzadas: desplazamiento interno en México 2025, elaborado por el Programa de Derechos Humanos de la Universidad Iberoamericana, documentó 3,363 personas desplazadas en Michoacán durante 2025, distribuidas en 17 eventos.
De ellas, 1,722 procedían del municipio de Apatzingán, que concentró más de la mitad de las personas desplazadas identificadas en el estado.
A escala nacional, el estudio registró al menos 15,795 personas desplazadas durante 2025.
El problema podría ser considerablemente mayor. Según informó Associated Press en septiembre de 2026, datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) revelaron que la violencia obligó a integrantes de aproximadamente 510,000 hogares mexicanos a desplazarse dentro del país entre octubre de 2020 y octubre de 2025. El fenómeno afectó a alrededor de 1.6 millones de personas, incluyendo tanto a quienes abandonaron sus hogares como a otros integrantes de sus familias afectados por la situación.
Michoacán figuró entre los estados con las tasas más elevadas de desplazamiento relacionado con la violencia criminal.
La ONU reconoce la gravedad del desplazamiento en Apatzingán
La situación ha requerido también la intervención de organismos internacionales.
El 14 de julio de 2026, la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) informó que estaba acompañando al gobierno de Michoacán en la elaboración de instrumentos para atender a las personas desplazadas por la violencia.
En particular, Naciones Unidas documentó la asistencia humanitaria brindada a familias de la comunidad de El Morado, en el municipio de Apatzingán, mediante una jornada realizada el 19 de junio.
El organismo reconoció avances institucionales, entre ellos la aprobación de un protocolo de respuesta a emergencias de desplazamiento interno y las reformas legales para sancionar el desplazamiento arbitrario.
Sin embargo, el acompañamiento internacional también confirma la dimensión humanitaria de una crisis que ha obligado a numerosas personas a abandonar sus comunidades.
Cuando el nuncio Franco Coppola visitó Aguililla
La denuncia de Mons. Ascencio García tiene un antecedente especialmente significativo.
El 23 de abril de 2021, Mons. Franco Coppola, entonces nuncio apostólico en México, viajó a Aguililla, Michoacán, acompañado por el obispo de Apatzingán, para expresar la cercanía del Papa Francisco con una población golpeada por la violencia del narcotráfico.
La visita se produjo después de que Mons. Ascencio expusiera ante la Conferencia del Episcopado Mexicano las condiciones que atravesaban las comunidades de su diócesis.
En aquel momento, los enfrentamientos entre organizaciones criminales habían provocado desplazamientos de familias, bloqueos de carreteras, dificultades para obtener alimentos y temor entre los habitantes.
Coppola celebró una misa por la paz y escuchó personalmente los testimonios de las víctimas.
Según Reuters, en una crónica publicada el 24 de abril de 2021, el representante pontificio denunció la violencia que mantenía prácticamente aislada a la comunidad y recordó la gravedad de los asesinatos que se registraban en México.
La agencia informó también que el nuncio había visitado Aguililla atendiendo al llamado del obispo de Apatzingán.
En aquella jornada, el representante de Francisco escuchó el testimonio de un seminarista cuyo padre había sido secuestrado, así como relatos de jóvenes obligados a incorporarse a organizaciones criminales.
El propio Coppola reconocería posteriormente que aquella había sido una de las experiencias más impresionantes de sus cinco años como nuncio en México.
La visita se convirtió en un gesto de cercanía de la Santa Sede con una población que sufría las consecuencias directas del crimen organizado.
Cinco años después, Mons. Ascencio García vuelve a denunciar situaciones semejantes desde la Basílica de Guadalupe.
Una advertencia que ya había hecho en 2023
No es la primera vez que el obispo acude al Tepeyac con un llamado a la paz.
En noviembre de 2023, en una entrevista concedida a la periodista Ana Paula Morales Martínez para ACI Prensa, Mons. Ascencio García habló de la violencia que atravesaba su diócesis y de la importancia de pedir por las familias afectadas.
Aquel año encabezó una peregrinación bajo el lema «Peregrinos que claman por la paz», acompañado por cientos de fieles.
Durante la celebración pidió por las víctimas inocentes de la violencia y por quienes habían tenido que abandonar sus hogares.
Tres años después, el prelado regresa al santuario con el mismo anhelo, pero con una advertencia todavía más explícita: ha buscado respuestas y asegura haber encontrado puertas cerradas.
«No podemos seguir viviendo de esta manera»
Pese a la gravedad de su denuncia, Mons. Ascencio García no quiso presentar a Michoacán únicamente como una tierra dominada por el crimen.
«Creo en muchas personas buenas que somos mayoría en esa diócesis, que desean un mundo mejor», afirmó.
Su mensaje estuvo acompañado por un llamado a la conversión, dirigido tanto a quienes participan en las organizaciones criminales como a las autoridades y a los propios creyentes.
«Madre, no podemos seguir viviendo de esta manera. La conversión, la conversión nos está llamando a todos», expresó.
Pidió la conversión de quienes participan en los grupos criminales, pero también de quienes ejercen responsabilidades públicas.
«Conversión de aquellos que están para servir y no para servirse del pueblo, quienes sirven como autoridades», reclamó.
El obispo insistió en que los cristianos no pueden dejarse paralizar por el miedo.
«Conversión de nosotros los creyentes para no tener miedo, ser luz, viviendo en la verdad, en la justicia».
Finalmente, recordó las palabras del apóstol san Pablo a los filipenses, invitando a los fieles a perseverar en el trabajo por el bien.
«Sigan trabajando, no dejen de trabajar por la paz, por la justicia, porque reine la verdad».
Para Mons. Ascencio García, la peregrinación al Tepeyac no constituye una manera de evadir la realidad, sino un acto de fe para encontrar fuerzas y continuar acompañando a las comunidades que sufren.
Una convicción que resumió ante la Virgen de Guadalupe con estas palabras:
«Como hombre y pastor de esperanza, creo que las cosas pueden mejorar».
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