La defensa de los niños por nacer y el apoyo a las familias marcaron el primer mensaje de León XIV en Uruguay. Ante autoridades y representantes de la sociedad civil en Montevideo, el Papa llamó a proteger la dignidad humana en todas las etapas de la vida.
Por Miriam Apolinar
En su primer discurso durante su visita apostólica a Uruguay, el Papa defendió la dignidad y protección de los niños por nacer. Afirmó que su dependencia de la madre no disminuye sus derechos y recordó que proteger la vida no nacida también implica apoyar a las familias que la acogen.
El Papa León XIV aprovechó su primer encuentro con las autoridades, representantes de la sociedad civil y el cuerpo diplomático de Uruguay para pronunciar un mensaje contundente en favor de la vida humana, particularmente de los niños que aún no han nacido.
Durante su discurso, pronunciado el viernes 6 de noviembre en la Plaza de la Independencia, en Montevideo, el Pontífice recordó que la dignidad de una persona no depende de su edad, condición o grado de autonomía. Por ello, subrayó que quienes todavía no han nacido forman parte de la familia humana y merecen protección.
«Los no nacidos ya pertenecen a la familia humana y al futuro de su pueblo. Su absoluta dependencia de su madre no disminuye la dignidad a la que tienen derecho, ni la protección que merecen», expresó el Santo Padre.
En un país caracterizado por una amplia tradición de laicidad y donde el aborto y la eutanasia forman parte de su marco legal, León XIV puso sobre la mesa la importancia de reconocer y defender la vida humana en todas sus etapas.
La protección de los no nacidos es responsabilidad de todos
El Papa no limitó su mensaje a la defensa de los niños por nacer, sino que también llamó a reconocer la responsabilidad que tienen los padres, las familias y la sociedad para recibir y acompañar una nueva vida.
Recordó que Jesucristo mismo eligió asumir la condición humana desde su nacimiento y dependencia, por lo que acoger una nueva vida requiere compromiso, solidaridad y condiciones que permitan a las madres y los padres criar y cuidar a sus hijos.
«La protección de los no nacidos y el apoyo a quienes los acogen son inseparables», enfatizó.
Con estas palabras, León XIV recordó que la defensa de la vida debe traducirse también en acciones concretas: acompañar a las mujeres embarazadas, fortalecer a las familias y generar condiciones sociales que permitan recibir a los hijos con dignidad.
En este sentido, destacó el papel fundamental de la familia como primer espacio de acogida, formación y aprendizaje para convivir con los demás. También evocó las palabras de san Juan Pablo II, quien durante su pontificado expresó: «Como va la familia, así va la nación y así va el mundo entero en el que vivimos».
La dignidad humana no depende de la autonomía ni de la productividad
En su reflexión sobre el futuro de Uruguay, el Pontífice amplió su llamado a proteger la dignidad de todas las personas, especialmente de quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad.
Al referirse a los niños, los adultos mayores, las personas enfermas y quienes viven con alguna discapacidad, señaló que el valor de una vida humana no puede medirse por su capacidad de producir, trabajar o valerse por sí misma.
También abordó la dolorosa realidad del suicidio y advirtió que la soledad, la angustia y la pérdida de esperanza pueden llevar a una persona a dejar de encontrar razones para vivir.
Ante esta situación, destacó que la atención sanitaria, los vínculos familiares y la cercanía de la comunidad son indispensables. «Nadie debería llegar a sentirse extraño entre los suyos ni pensar que su ausencia importa menos que su presencia», expresó.
Asimismo, recordó que la Iglesia desea colaborar con quienes trabajan para aliviar el sufrimiento humano y acompañar a las personas enfermas, especialmente cuando no es posible eliminar el dolor.
La Iglesia, llamada a defender la dignidad de cada persona
Otro de los temas abordados por León XIV fue la convivencia entre creyentes y no creyentes. Al referirse al carácter laico del Estado uruguayo, explicó que este debe garantizar un espacio de libertad y respeto, sin que ello signifique relegar la dimensión religiosa exclusivamente al ámbito privado.
El Pontífice señaló que las comunidades religiosas también pueden contribuir al bien común y participar en la construcción de una sociedad que respete la dignidad de cada persona.
Al concluir su intervención, recordó que su visita apostólica tiene como propósito encontrarse con la Iglesia que peregrina en Uruguay y acercarse con afecto a todo su pueblo.
Finalmente, encomendó al país a la Santísima Virgen María y pidió que Dios bendiga a Uruguay y acompañe su camino a lo largo de la historia.
El mensaje del Papa León XIV deja una reflexión central: la vida humana tiene una dignidad que no depende de su tamaño, edad, autonomía o condición. Los niños que aún no han nacido ya forman parte de la familia humana y su protección es una responsabilidad compartida.

