Por Lucrecia Roper

«No deje nuestra alma de dedicarse a las Sagradas Escrituras, a la meditación y a la oración, para que de aquel que está presente en ellas sea siempre eficaz en nosotros». San Ambrosio s. IV.

«Cultivemos nuestra inteligencia mediante la lectura de los libros Santos: que nuestra alma encuentre en ellos su alimento diario. ¿Cómo podríamos vivir sin la ciencia de las Escrituras, a través de las cuales se aprende a conocer a Cristo, que es la vida de los fieles? Nos alimentamos con de Cristo y bebemos su Sangre no solamente en el misterio de , sino también leyendo las Escrituras»… «Todo cuanto leemos en los Libros Santos brilla y resplandece aun en su corteza, pero hay más dulzura todavía en su pulpa. El que quiere comer la almendra debe romper la nuez». San Jerónimo s. IV.

«Tanto más fuerte es el aroma que expanden los perfumes, cuanto más se los frota entre los dedos. Así sucede también con la frecuentación de las Escrituras. Cuanto más familiares llegan a sernos más se revela el tesoro que esconden y más se logra aprovechar el fruto de sus inefables riquezas». San Juan Crisóstomo.

«Habiéndote enviado el Señor del cielo sus Cartas, ¿cómo te descuidas en leerlas y no manifiestas ardor y rapidez en saber lo que ellas contienen?». San Gregorio, s. VII.

«Te ruego encarecidamente que le dediques en primer lugar a la lectura de los Libros Sagrados, en los que creemos encontrar eterna». San Beda el Venerable, s. VIII.

«Tenemos necesidad de leer, ya que por ella aprendemos lo que debemos hacer, lo que hay que dejar y lo que es de desear». San Bernardo, s. XII.

«De la misma manera que el apetito terreno es una de las mejores pruebas de salud corporal, también el apetito de Dios es una señal bastante segura de la salud espiritual». San Francisco de Sales, s. XVII.

«Las páginas de ambas Alianzas se confirman mutuamente. En Jesucristo se cumplieron las promesas de las figuras proféticas y el sentido de los preceptos de: con su presencia, El enseña la verdad de la profecía, y por su gracia, hace posible la práctica de los mandamientos.» (San León Magno, s. V).

Fuente: Cfr. www.apologetica.org

 
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