Durante años, la educación ha privilegiado la memoria, los contenidos y las habilidades verbales, dejando en segundo plano una dimensión esencial del aprendizaje: saber hacer. Este artículo cuestiona esa visión y plantea la necesidad de una educación que forme personas capaces no solo de conocer, sino también de pensar, resolver problemas y desenvolverse con inteligencia en la vida práctica.



















