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Francisco: para construir la paz, “un pacto social y cultural”

Francisco: para construir la paz, “un pacto social y cultural”

FRANCISCO EN COLOMBIA |

Para construir la paz en Colombia, no son suficientes los acuerdos políticos y la buena voluntad de las élites, sino que se precisa que todos, empezando por aquellos que han sufrido, se comprometan por el bien común, la justicia y la equidad, para llegar a un “pacto social y cultural”. Es el llamamiento con el cual el Papa ha concluido, en la noche de ayer, el viaje a Colombia, desde donde partió de regreso a Roma, ciudad donde arribará hoy alrededor de las 12.30, hora local.

El último acto del viaje fue la misa celebrada en Cartagena, en la cual una vez más ha condenado la “plaga del narcotráfico”. Hizo un llamado a “poner fin al narcotráfico”, que siembra “muerte y destrucción, truncando tantas esperanzas y destruyendo tantas familias”. La droga es un mal que  “atenta directamente contra la dignidad de la persona humana y va rompiendo progresivamente la imagen que el Creador ha plasmado en nosotros.”. Y “condeno con firmeza – dijo – esta lacra que ha puesto fin a tantas vidas”, por la acción de “hombres sin escrúpulos”.  “No se puede jugar con la vida de nuestro hermano, ni manipular su dignidad”.

A las 500.000 personas reunidas en el área portuaria de Cartagena, el Papa entonces dirigió una exhortación a dar el “primer paso”, lema del viaje. “Aquí, en el Santuario de San Pedro Claver, donde de modo continuo y sistemático se da el encuentro, la reflexión y el seguimiento del avance y vigencia de los derechos humanos en Colombia, la Palabra de Dios nos habla de perdón, corrección, comunidad y oración”.

“En estos días – fueron las palabras de Francisco – escuché muchos testimonios de quienes han salido al encuentro de personas que les habían dañado. Heridas terribles que pude contemplar en sus propios cuerpos; pérdidas irreparables que todavía se siguen llorando, sin embargo han salido, han dado el primer paso en un camino distinto a los ya recorridos. Porque Colombia hace décadas que a tientas busca la paz y, como enseña Jesús, no ha sido suficiente que dos partes se acercaran, dialogaran; ha sido necesario que se incorporaran muchos más actores a este diálogo reparador de los pecados. «Si no te escucha, busca una o dos personas más» (Mt 18,15), nos dice el Señor en el Evangelio”.

 

Jesús halla la solución al mal cometido en el encuentro personal

“Hemos aprendido que estos caminos de pacificación, de primacía de la razón sobre la venganza, de delicada armonía entre la política y el derecho, no pueden obviar los procesos de la gente. No se alcanza con el diseño de marcos normativos y arreglos institucionales entre grupos políticos o económicos de buena voluntad. Jesús encuentra la solución al daño realizado en el encuentro personal entre las partes. Además, siempre es rico incorporar en nuestros procesos de paz la experiencia de sectores que, en muchas ocasiones, han sido in-visibilizados, para que sean precisamente las comunidades quienes coloreen los procesos de memoria colectiva. «El autor principal, el sujeto histórico de este proceso, es la gente y su cultura, no es una clase, una fracción, un grupo, una élite. No necesitamos un proyecto de unos pocos para unos pocos, o una minoría ilustrada o testimonial que se apropie de un sentimiento colectivo. Se trata de un acuerdo para vivir juntos, de un pacto social y cultural» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 239).”.

“Nosotros podemos hacer un gran aporte a este paso nuevo que quiere dar Colombia. Jesús nos señala que este camino de reinserción en la comunidad comienza con un diálogo de a dos. Nada podrá reemplazar ese encuentro reparador; ningún proceso colectivo nos exime del desafío de encontrarnos, de clarificar, perdonar. Las heridas hondas de la historia precisan necesariamente de instancias donde se haga justicia, se dé posibilidad a las víctimas de conocer la verdad, el daño sea convenientemente reparado y haya acciones claras para evitar que se repitan esos crímenes. Pero eso sólo nos deja en la puerta de las exigencias cristianas. A nosotros se nos exige generar «desde abajo» un cambio cultural: a la cultura de la muerte, de la violencia, respondemos con la cultura de la vida, del encuentro”.

 

A la cultura de la muerte, respondamos con la cultura de la vida

Se trata de dar “el primer paso” yendo al “encuentro de los demás con Cristo, el Señor”, renunciando “a la pretensión de ser perdonados sin perdonar, de ser amados, sin amar”: sólo si ayudamos a “desatar los nudos de la violencia”, desenredaremos la “compleja madeja de los enfrentamientos”. “Un pecado cometido por uno, nos interpela a todos”, pero involucra, ante todo, a “la víctima”, que es llamada a “tomar la iniciativa” para que quien he hecho el mal “no se pierda”.

“’Dar el primer paso’ es, sobre todo, salir al encuentro de los demás con Cristo, el Señor. Y Él nos pide siempre dar un paso decidido y seguro hacia los hermanos, renunciando a la pretensión de ser perdonados sin perdonar, de ser amados sin amar. Si Colombia quiere una paz estable y duradera, tiene que dar urgentemente un paso en esta dirección, que es aquella del bien común, de la equidad, de la justicia, del respeto de la naturaleza humana y de sus exigencias. Sólo si ayudamos a desatar los nudos de la violencia, desenredaremos la compleja madeja de los desencuentros: se nos pide dar el paso del encuentro con los hermanos, atrevernos a una corrección que no quiere expulsar sino integrar; se nos pide ser caritativamente firmes en aquello que no es negociable; en definitiva, la exigencia es construir la paz, «hablando no con la lengua sino con manos y obras» (san Pedro Claver), y levantar juntos los ojos al cielo: Él es capaz de desatar aquello que para nosotros pareciera imposible, Él ha prometido acompañarnos hasta el fin de los tiempos, Él no dejará estéril tanto esfuerzo”

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