Por Juan Gaitán / Fraternidad Operarios Diocesanos

“Así es vivir en la Ciudad de México”, me dijo mi papá cuando a su pregunta: “¿Te afectaron en el camino de regreso a tu casa las marchas de la CNTE?” le respondí que sí, ¡que un recorrido de 45 minutos se convirtió en dos horas y media!

Así es vivir en la Ciudad de México

Se entiende de una ciudad capital este tipo de fenómenos. Se discute el modo. Comentarios en los medios de comunicación abundan, opiniones encontradas, declaraciones en tonos bastante fuertes, sobre todo en las redes sociales; pero cierto tipo de expresiones me han llamado la atención durante estos últimos días de manifestaciones en torno a la Reforma Educativa 2013.

En twitter existe un hashtag (etiqueta) no poco popular: #PinchesMaestros. Los comentarios con esta etiqueta no son menos ofensivos. Los insultos se mueven en ambas direcciones. Cierto sector político se encuentra en un bando. La CNTE y demás manifestantes en el otro. La ciudadanía con sus comentarios ya sea a mitad del tráfico, ya sea en la sobremesa familiar, no se abstiene de participar en la justa de las opiniones.

Opinión e indiferentismo 

Es difícil juzgar quién tiene la razón, ¡cuánto más las intenciones escondidas! Es natural, sano, que como pueblo informado mantengamos individual o colectivamente una posición ante este tipo de Reformas que nos afectan a todos. El indiferentismo no conduce a ningún sitio. Pero al formular mi opinión, al colocarme de un lado o de otro para defender una postura, ¿no debo tomar en cuenta mi condición de seguidor de Jesucristo, Hombre de paz, de discípulo-misionero como dijera el Documento de Aparecida? ¿O es que mi compromiso cristiano no llega a los pequeños (y grandes) detalles de mi vida?

El último apartado del documento mencionado, antes de la conclusión, lleva por nombre “Caminos de reconciliación y solidaridad” (DA nn. 534-546). Al leer las palabras allí escritas, no podía dejar de pensar en este conflicto. Como católicos constructores de la paz, ¿no sería lógico apostar por una postura reconciliadora? El hecho de romper con la cadena de violencia (¿los comentarios en redes sociales, llenos de insultos y odio, no son expresión de cierta violencia que habita al interno de la persona?) no está en contradicción con defender una opinión. Y defenderla de verdad.

¿Será que somos un pueblo de Dios que se une en ayuno y oración por la paz en Siria, en Medio Oriente y en el mundo entero, pero en la vida diaria somos un canal para la difusión de mensajes de conflicto? Leer los periódicos, escuchar la radio, mirar las publicaciones en las redes sociales, me recuerda tanto las palabras de Jesucristo: “No juzguen y no serán juzgados, no condenen y no serán condenados, perdonen y serán perdonados” (Lc 6, 37).

Me quedo con Aparecida: “Una evangelización que pone la Redención en el centro, nacida de un amor crucificado, es capaz de purificar las estructuras de la sociedad violenta y generar nuevas. La radicalidad de la violencia sólo se resuelve con la radicalidad del amor redentor. Evangelizar sobre el amor de plena donación, como solución al conflicto, debe ser el eje cultural ‘radical’ de una nueva sociedad.” (n. 543)

Que el Amor de Jesucristo crucificado nos ayude a zafarnos de las estructuras violentas, a ser puentes que unan y no muros que dividan, a comprender que sólo Dios conoce la situación familiar, social, personal de cada manifestante, de cada político, de cada hijo de Dios por quien el Hijo ha entregado la vida.