Por Justo López Melús (+)

Dios se disfrazó de mendigo, fue a un pueblo, a casa del zapatero, y le dijo:

– Hermano, no tengo dinero y tengo las sandalias rotas, ¿podrías arreglármelas?
Respondió el zapatero:
– Estoy cansado, todo me piden, nadie me da.
– Yo puedo darte lo que necesitas.
– ¿Podrías darme un millón de dólares para ser feliz?
– Puedo darte lo que quieras, pero a cambio de algo.
– A cambio de qué –preguntó el zapatero.
– A cambio de tus piernas –contestó el Señor.
– ¿Y para qué quiero el dinero si no puedo caminar?
– Puedo darte cien millones de dólares por tus brazos.
– ¿Y para que los quiero si no puedo comer solo?
– Puedo darte mil millones por tus ojos.
– ¿Y para que quiero mil millones si no voy a ver a mi mujer, a mis hijos, a mis amigos?
Entonces concluyó el Señor:
– Ah, hermano, ¡qué fortuna tienes y no te das cuenta!