Esta mañana, en la audiencia general, el Papa Francisco ha hablado sobre el sacramento del Bautismo: “El Bautismo es, en un cierto sentido, la tarjeta de identidad del cristiano, su acta de nacimiento. El acta de nacimiento a la Iglesia”.

El Papa explicó que la misión de la Iglesia es evangelizar y perdonar los pecados a través del sacramento bautismal que se renueva en el sacramento de la penitencia. Y dio como tarea: “Cuando volvamos a casa preguntemos qué día fui bautizado. Es el segundo cumpleaños, el día del nacimiento a la Iglesia”.

Después, el Obispo de Roma aseveró: “El sacramento de la penitencia o confesión, de hecho, es como un segundo bautismo que consolida y renueva el primero. El día de nuestro bautismo es el punto de partida de un camino bellísimo, un camino hacia Dios, un camino de conversión que dura toda la vida y que está continuamente sostenido por el sacramento de la penitencia. Cuando vamos a confesarnos de nuestras debilidades y pecados, vamos a pedir el perdón de Jesús, pero vamos también a renovar el bautismo con este perdón y esto el bello, porque en cada confesión festejamos el día del bautismo. Por esto la confesión no es una sala de tortura sino una fiesta, para tener limpia la vestidura blanca de nuestra dignidad cristiana”.

El Bautismo, subrayó el Papa, es luz: “por este don, el bautizado está llamado a convertirse él mismo en “luz” para los hermanos, especialmente para los que están en las tinieblas y no ven la luz en el horizonte de sus vidas”:

“El bautismo es una verdadera inmersión en la muerte de Cristo, de la cuál se resurge con él como creaturas nuevas –explicó el Sucesor de Pedro-. Lavado de regeneración y de iluminación. Colmados de la gracia de Cristo, la luz de Cristo conjura desde adentro las tinieblas del pecado y el bautizado se convierte en luz para los hermanos que están en tinieblas”.

Pero, “incluso cuando la puerta se cierra un poco, por nuestras debilidades y nuestros pecados, la confesión la vuelve a abrir, porque la confesión es como un segundo bautismo, que nos perdona todo y nos ilumina para seguir adelante con la luz del Señor”. “Vamos adelante alegres, porque la vida se debe vivir con la alegría de Jesucristo y esta es una gracia del Señor”, concluyó el Santo Padre.