El Papa Francisco ha clausurado el Año de la Fe con una solemne Eucaristía en la Plaza de San Pedro, ante miles de peregrinos en una mañana nublada. En su homilía, después de agradecer al Papa emérito, Benedicto XVI por este don, y ante las reliquias de San Pedro –que se exponen por primera vez en la historia–, el Santo Padre ha reflexionado sobre la centralidad de Cristo recuerda la esperanza que nos proporciona la promesa que Jesús hace al «buen ladrón».

Francisco resaltó la importancia que ha tenido el Año de la Fe para la Iglesia: «nos ha dado la oportunidad de descubrir la belleza de ese camino de fe que comenzó el día de nuestro bautismo, que nos ha hecho hijos de Dios y hermanos en la Iglesia. Un camino que tiene como meta final el encuentro pleno con Dios, y en el que el Espíritu Santo nos purifica, eleva, santifica, para introducirnos en la felicidad que anhela nuestro corazón».

Después, al meditar sobre la Carta a los Colosenses, resaltó la visión profunda de la centralidad de Jesús que el apóstol Pablo nos ofrece. «Jesús es el centro de la creación; y así la actitud que se pide al creyente, que quiere ser tal, es la de reconocer y acoger en la vida esta centralidad de Jesucristo, en los pensamientos, las palabras y las obras. La pérdida de este centro, al sustituirlo por otra cosa cualquiera, solo provoca daños, tanto para el ambiente que nos rodea como para el hombre mismo».

Además, Cristo es «centro de la reconciliación», centro «del pueblo de Dios» y « centro de la historia de la humanidad y de todo hombre. A él podemos referir las alegrías y las esperanzas, las tristezas y las angustias que entretejen nuestra vida. Cuando Jesús es el centro, incluso los momentos más oscuros de nuestra existencia se iluminan, y nos da esperanza, como le sucedió al buen ladrón en el Evangelio de hoy».

El Obispo de Roma finalizó su homilía resaltando el pasaje del Evangelio que hoy se lee en la liturgia de la Palabra, sobre el llamado «buen ladrón»: «Jesús le promete: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. Jesús sólo pronuncia la palabra del perdón, no la de la condena; y cuando el hombre encuentra el valor de pedir este perdón, el Señor no deja jamás de atender una petición como esa. Hoy todos nosotros podemos pensar en nuestro camino. Este día nos hará bien pensar en nuestra historia. Acuérdate de mí Señor, tú que estás al centro, tú que estás en tu Reino».

«La promesa de Jesús al buen ladrón nos da una gran esperanza: nos dice que la gracia de Dios es siempre más abundante que la plegaria que la ha pedido. El Señor siempre da más de lo que se le pide: le pides que se acuerde de ti y te lleva a su Reino», alentó Franciscó.