Por Francisco Xavier Sánchez, sacerdote |

En estos días es muy común escuchar: ¡Feliz Navidad! por todas partes. Una frase ya hecha, que se dice muy fácilmente y sin tomar siempre en cuenta todo lo que esta expresión implica. Me parece que en general esta frase en muchas personas indica lo siguiente: “Pásatela bien, come, bebe, diviértete, y recibe muchos regalos”. Sin embargo ¿cuál es el sentido profundo –quiero decir cristiano– de esta frase?

Aunque parezca muy elemental lo que voy a decir (para quienes tengan un mínimo de formación religiosa), sin embargo el “personaje” principal que celebramos en estos días no es Santa Claus sino Jesús de Nazaret. Todo el “circo consumista” que se desarrolla en estos días no tiene nada que ver con el verdadero “espíritu navideño”. Yo no tengo nada en contra de regalar regalos, de comprar productos, o de adornar la casa con pingüinos, osos, o con un Señor gordo que se la pasa riendo como imbécil todo el tiempo. ¿Por qué no? Después de todo cada quien puede hacer con su dinero lo que le apetezca, (Incluso endrogarse en el banco para comprar productos). Lo que me parece que no es correcto es llamar a muchas de esas fiestas frívolas y paganas “navidad”. ¿Por qué no se les llama con otro nombre? ¿“Feliz día de intercambios”; “Feliz día del derroche”; o “Feliz día del neoliberalismo”, por ejemplo?

Para que las cosas exteriores cambien primero tengo que empezar a cambiar yo mismo. Pensar más en los otros y menos en mí mismo, es el comienzo del nacimiento de Cristo en mi vida.

No hay que olvidar que estamos celebrando el nacimiento de un revolucionario, con toda la connotación política, pero también religiosa y antropológica que esa palabra comporta. Como dice el canto nicaragüense, El Cristo de Palacaguina“Cristo ya nació en Palacaguina… María sueña que el hijo igual que el tata sea carpintero, pero el cipotillo piensa mañana quiero ser guerrillero.” El nacimiento de un “Dios-hecho-hombre” que nació en una gruta a las orillas de Belén, “porque no había lugar para ellos en la posada del pueblo”. De alguien que dirá más adelante en su predicación: “Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia porque de ellos es el Reino de los cielos.” ¿Qué es entonces la navidad? Para mí la navidad es el tiempo de abrir el corazón a las necesidades de nuestros hermanos. Es el tiempo para luchar contra el egoísmo que nos empuja a pensar sólo en nosotros mismos, para pensar en los demás. Es el tiempo para permitir que Dios nazca en nuestro corazón para que los otros estén presentes y no ausentes de nuestra vida.

Hay muchas cosas que cambiar en el mundo, en mí país, y sobre todo en mí mismo. Mucha injusticia, hambre e individualismo. Pero para que las cosas exteriores cambien primero tengo que empezar a cambiar yo mismo. Pensar más en los otros y menos en mí mismo, es el comienzo del nacimiento de Cristo en mi vida.

A todos los lectores de estas líneas les deseo una hermosa experiencia de Navidad, es decir experiencia de encuentro fraterno con nuestros hermanos.