Por Juan Gaitán |

Creer en Jesucristo es contar con un amigo íntimo, con un acompañante en el camino (más bien con un guía). Entre otros títulos, en el Antiguo Testamento se presenta a Dios como el aliado que nunca falla, el compañero de batallas, se le llama con toda la fuerza de las palabras: “¡Dios de los ejércitos!”

Sin embargo, a lo largo de la historia, la forma en la que el hombre responde a Dios, que nunca falla y que nos entrega gratuitamente su amistad, ha sido imperfecta. El Pueblo de Israel maduraba su fe a trompicones, desconfiando de su Aliado Fiel. La Iglesia a lo largo de sus veinte siglos de historia también ha necesitado de hombres y mujeres santos que le cuestionen sus errores. Del mismo modo nosotros, como individuos, nos vemos necesitados de conversiones constantes para volver la mirada a quien nos ha creado para el amor.

Esta semana Dios nos regala una maravillosa oportunidad de recomenzar. Se ha terminado ese largo periodo de tiempo festivo y muchas veces desenfrenado que popularmente llamamos Guadalupe-Reyes. Hoy, habiendo vuelto a las labores cotidianas, nos podemos preguntar: ¿Y ahora qué?

El papa Francisco, en su Encíclica Lumen Fidei, escribió: “El que cree, aceptando el don de la fe, es transformado en una creatura nueva…” (n. 19). ¡De eso se trata! Ser nuevas creaturas para comenzar el año como cristianos renovados con los ojos fijos en Cristo, pero dice también el Papa, “la fe no sólo mira a Jesús, sino que mira desde el punto de vista de Jesús, con sus ojos: es una participación en su modo de ver.” (n. 18).

Cerramos la temporada festiva compartiendo la rosca de reyes, ¿y ahora qué? ¡A mirar la vida desde la perspectiva de Jesús! Pedirle en oración sus ojos para desear lo que él desea, hacer de nuestros proyectos aquello que consideramos será para la mayor gloria de Dios.

Traducir la mirada de Jesús en actos concretos

Ahora bien, es sencillo decir: A partir de este año, viviré conforme al Evangelio. El reto se encuentra en aceptar verdaderamente el compromiso del discipulado y traducirlo en actos concretos. Ésa es la oportunidad que cada nuevo comienzo nos ofrece. Los evangelios cuentan cómo Jesús, inmediatamente después de mirar con misericordia, actuaba. Son dos aspectos inseparables de los encuentros entre el Hijo de Dios y aquellos enfermos que necesitaban de un médico que transformara sus vidas.

Como en el sacramento de la Reconciliación, Dios no sólo nos acepta de vuelta, sino que nos da el coraje para levantarnos nuevamente con alegría. Que el 2014 nos sea un año de santidad, de beatitud, de felicidad, porque a eso es a lo que conduce un amor que pone las necesidades del prójimo por encima de las propias, como lo mostró nuestro amigo, compañero de batallas y aliado fiel: Jesucristo.