Justo López Melús (+) |

Un hombre piadoso le pedía una gracia todos los días al Señor. Así durante años hasta quedar marcadas en el templo las huellas de sus rodillas. Pero Dios parecía no oír su oración, no enterarse de que alguien le invocaba con tanta insistencia. Por fin un día se le apareció el ángel de Dios y le dijo: «Dios ha decidido no concederte lo que pides». Entonces el buen hombre comenzó a dar voces y saltos de alegría y a contar a todos lo sucedido.

La gente le preguntaba: «¿De qué te alegras si Dios no te ha concedido lo que pedías?». «Sí, me lo ha negado, pero ahora sé que mi oración llegó hasta Dios. ¡Qué más puedo desear! Yo escribí la carta, y ahora sé que la carta llegó y fue leída. Eso es lo importante». Y el buen hombre siguió yendo todos los días al templo, a dar gracias, porque su oración había llegado a Dios.