Por Jaime Septién

La muerte del Padre jesuita Jorge Loring, deja al mundo católico que habla en español sin uno de sus grandes apologetas. Con voz de trueno y una enorme capacidad de convencimiento, el Padre Loring fue para muchos jóvenes, obreros, internautas y personas de todas las geografías de Iberoamérica, un ejemplo de perseverancia, de amor a la Iglesia y comunicación de la fe.

Lo entrevisté alguna vez. Era facilísimo. Uno ponía el “Play” de la grabadora y lo demás iba solo. Tenía claro su discurso. Y lo decía como el mejor. En cierta ocasión, un canal de TV grababa su conferencia. Como suele pasar, al minuto diez, los camarógrafos se dieron cuenta que la grabación tenía defectos. Pidieron al Padre Loring que suspendiera y volviera a empezar la plática. Sin aspavientos, tomó un poco de agua y volvió a repetir, exactamente, palabra por palabra, lo que había dicho antes.

Su libro Para salvarte ha vendido un millón 300 mil copias, y no para de ser reeditado. Es una pequeña joya que, entre mis hijos, ha pasado de mano en mano. Con la sencillez del que se sabe caminando con humildad en la verdad, el Padre Loring atendía, personalmente, preguntas sobre moral y fe católica en su sitio de Internet. Más de 50 mil respuestas dio a los internautas este hombre de Dios. Y colgó cerca de mil 100 videos en YouTube. Encantaba a los fieles, ponía a pensar a los que estaban dudosos y a los ateos les metía fuego. Sabía que la Iglesia está por encima del mal y de algunos de sus ministros de corazón endurecido. A sus 92 años, él era un corazón abierto. “La Iglesia siempre ha enterrado a sus enterradores”, decía. Y decía muy bien.