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La imagen del Papa Francisco acudiendo a un confesionario, no para administrar el sacramento del perdón, sino para confesarse y recibir la absolución por sus pecados, dio la vuelta al mundo. Tal vez más que la convocatoria hecha por el Pontificio Consejo para la promoción de la Nueva Evangelización o las mismas palabras del Santo Padre anunciando la iniciativa, ese gesto sencillo de Francisco fue lo que movió a los fieles a imitar su ejemplo.

Después, el Papa se dirigió a un confesionario destinado para él, donde escuchó la confesión de varios fieles y dispensó la absolución. En la reflexión que dirigió durante la celebración penitencial, en la que resaltó su invitación a la conversión, dijo: «¿Quién de nosotros puede presumir de no ser un pecador? Ninguno. Cambiar de vida no es cuestión de un momento o de un periodo del año, sino que se trata de un compromiso que dura toda la vida».

La iniciativa «24 horas para el Señor», desde la tarde del viernes hasta el día siguiente, se replicó en todas las diócesis del mundo, con una participación aceptable, como pudieron dar cuenta diversas publicaciones de la Iglesia en distintos países.

El Papa Francisco invitó particularmente a los jóvenes para que se convirtieran en  de la reconciliación a comunicar a cuantos encontrasen «la alegría de recibir el perdón del Padre y de reencontrar la amistad plena con Él». «Decidles -finalizó- que nuestro Padre nos espera, nuestro Padre nos perdona, y es más: ¡Hace fiesta! Si vas hacia él con toda tu vida, incluso con tantos pecados, en lugar de reprocharte, hace fiesta: así es nuestro Padre. Es lo que tenéis que decir a tanta gente hoy. Los que experimentan la misericordia divina se ven empujados a hacerse artífice de misericordia entre los últimos y los pobres. En estos hermanos ‘más pequeños’ nos espera Jesús».