Por Rodrigo Aguilar, Obispo de Tehuacán |

El Papa Francisco, recordando el acontecimiento y documento de Aparecida, en su Exhortación Apostólica “La alegría del Evangelio” nos lanza a una conversión pastoral y misionera “que no puede dejar las cosas como están. Ya no nos sirve una simple administración” (n. 25). Con estas palabras, el Papa nos lanza a superar una actitud de burócratas o comerciantes de lo sagrado. Por eso añade que “hay estructuras eclesiales que pueden llegar a condicionar un dinamismo evangelizador” (n. 26).

 

Más en positivo, nos dice el Papa: “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación… Que la pastoral ordinaria en todas sus instancias sea más expansiva y abierta, que coloque a los agentes pastorales en constante actitud de salida” (n. 27).

 

Tenemos que renunciar a esquemas caducos e implementar otros nuevos que sean eficaces. Desde luego que no se trata de cancelar todo y empezar de cero; sino de revisar qué no funciona, qué no está dando fruto y atrevernos a cambiarlo, pero siempre con la perspectiva de encontrar algo mejor. Ese es el espíritu de salida. Salir de nosotros mismos, ir con Cristo y desde Cristo a los demás.

 

“Una Iglesia ‘en salida’ es una Iglesia con las puertas abiertas. Salir hacia los demás para llegar a las periferias humanas no implica correr hacia el mundo sin rumbo y sin sentido. Muchas veces es más bien detener el paso, dejar de lado la ansiedad para mirar a los ojos y escuchar, o renunciar a las urgencias para acompañar al que se quedó al costado del camino” (n. 46).

 

Hay que ir a todos, sin excepciones. Pero no se puede ir a todos al mismo tiempo, se requiere definir prioridades. Pues bien, nos dice el Papa, “cuando uno lee el Evangelio, se encuentra con una orientación contundente: no tanto [ir] a los amigos y vecinos ricos sino sobre todo a los pobres y enfermos, a esos que suelen ser despreciados y olvidados, a aquellos que ´no tienen con qué recompensarte´” (n. 48).

 

Y el Papa subraya más todavía: “prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades” (n. 49).

Como Diócesis de Tehuacán estamos en proceso hacia el tercer plan de pastoral. En el espíritu de la Cuaresma que nos lleva al Misterio Pascual, a morir y resucitar con Cristo, veamos a qué es necesario morir, lo cual incluye lenguaje, actitudes, estilos de trabajo, de organización, para entrar en la vida nueva.

Sacerdotes, religiosas, laicos, escuchémonos y ayudémonos mutuamente. Todos podemos dar aportaciones. Todos sepamos escuchar sugerencias. En el dar y recibir, dejémonos conducir por el Espíritu a fin de ser parte de una nueva evangelización, en métodos, en expresiones, en fervor.