Por Fernando Pascual |

Los generales elaboran sus planes de ataque. Los políticos les apoyan. Empieza la campaña. Una victoria o una derrota. Luego, consecuencias buenas o malas. Todo podría haber sido distinto si…

Después de los hechos, el historiador lo suele tener bastante fácil. Ve causas y consecuencias, evidencia errores o aciertos, señala falta de planes a largo plazo o exceso de prudencia. Cuando ya el tiempo ha “fosilizado” un momento del pasado, los análisis fluyen con rapidez y todo parece diáfano y hasta lógico. ¿Cómo no se dieron cuenta los protagonistas de aquellos hechos?

Es muy distinto el mundo cuando se mira cara a cara, en directo, desde el dramatismo de lo inmediato. El político, el militar, el economista, y también el capitán y el soldado en la primera línea del frente, se sitúan en perspectivas no siempre claras, entre miedos o esperanzas, ambiciones o pasividad. Muchas veces no tienen un proyecto de largo alcance, ni deseos de llegar a soluciones definitivas.

Por eso, el historiador se sorprende ante tantos “errores”, ante tantos giros imprevistos, ante tantos vuelcos en la marcha de los hechos. Algunos buscarán leyes férreas para explicar lo ocurrido, pero la verdad es que las imprevisiones humanas e, incluso, ciertos caprichos incomprensibles, juegan un papel desproporcionado en los sucesos, grandes o pequeños.

La historia está llena de encrucijadas. Con el pasar de los años, buscamos entender lo sucedido. No todo carece de lógica. Aquella decisión tenía que llevar, necesariamente, a una consecuencia más o menos inevitable. Lo que no entendemos es precisamente por qué se tomó aquella decisión cuando ahora nos parece obvio que lo mejor hubiera sido escoger todo lo contrario.

La humanidad también hoy, como en el pasado, sigue su camino. Quizá con más analistas y “expertos” que en otros siglos, deseosos por dilucidar si resulta oportuno o no empezar una nueva guerra, aumentar o disminuir las tasas de intereses, o lanzarse a una aventura que divida a un Estado en varias partes pequeñas y soñadoras de un futuro mejor.

Sólo después de las opciones, muchas veces de un modo casi irreversible, se hará más claro cómo aquella decisión fue un inicio de venturas o el paso trágico a un desenlace que sufrirán en carne propia miles de hombres y mujeres del hoy y del mañana.