Por Fernando Mendoza Jácquez |

Meriam Yeilah Ibrahim tiene 27 años, es sudanesa y está embarazada. Su madre es cristiana y su padre extremista musulmán. Fue educada por su madre en el cristianismo, dado que su padre los abandonó. Se casó con un cristiano y por este hecho fue acusada por adulterio, dado que la ley de su país prohíbe el matrimonio entre no musulmanes. También fue denunciada por apostasía, delito por el que pesa la pena de muerte. Meriam no ha renunciado de su fe cristiana, y actualmente está presa con su hijo de 20 meses de edad.

Asia Bibi es pakistaní. Está presa desde el 2009, condenada a la horca. Su caso es emblemático. Fue a buscar agua al pozo del pueblo; al encontrarse con mujeres musulmanas, fue denunciada por provocar la impureza del agua, al ser ella cristiana. Entonces Asia defendió su fe y fue acusada por blasfemia.

Gerald Hammond tiene 81 años de edad. Es sacerdote católico, misionero  de Maryknoll. Hasta el año pasado era el único sacerdote autorizado para trabajar en Corea del Norte, quizás el país más encerrado de todos los que existen en el mundo. El P. Gerald atiende a unos 3 mil católicos, que según el gobierno norcoreano son los que existen de una población total de 23 millones. En ese país, en junio de 1950 todos los sacerdotes, religiosas y catequistas fueron arrestados o asesinados. Ha sido así desde entonces. Los 3 mil que quedan, o los que sean, viven su fe fervorosamente… cuando pueden, ya que la simple posesión de la Biblia está estrictamente prohibida.

Persecución, también en países católicos

La persecución contra los cristianos no se da sólo en lugares lejanos. Según estadísticas de la Agencia Fides, desde el año 2000 han sido asesinados por odio a la fe un total de 27 agentes de pastoral en México, cuatro de ellos el año pasado. De acuerdo al Centro Católico Mutimedial de nuestro país, “por sexto año consecutivo, México es ya primer lugar en crímenes de odio contra sacerdotes, religiosos y laicos en América Latina”.

Las estadísticas mundiales son escalofriantes. Como ejemplo, un reporte de 2009 del organismo español Ayuda a la Iglesia Necesitada señala que  “en el mundo hay 200 millones de cristianos que sufren por su fe, que incluso han sido víctimas de asesinato. Además de éstos, hay 150 millones más que padecen algún tipo de forma de restricción a su libertad religiosa. En total 350 millones de cristianos perseguidos”. Es decir, uno de cada seis cristianos en el mundo es perseguido. Sucede prácticamente en todos los países.

Consecuencia del seguimiento de Cristo

Jesús, al enunciar las bienaventuranzas, dejó para el último la siguiente: “Felices ustedes cuando por causa mía los insulten, los persigan y les levanten toda clase de calumnias” (Mt 5, 11).

Es la persecución un signo vivo e inequívoco de que el Evangelio está siendo anunciado en todos los rincones de nuestro planeta, ya que el mundo no soporta ni tolera que el anuncio alegre y liberador de Jesucristo sea anunciado a todos los hombres y sea acogido por ellos, principalmente por los pobres y vulnerables.

Pero no debemos perder de vista que el cristiano no debe buscar primero la persecución, sino que su primer deber es el anuncio del Evangelio.

Papa Francisco lo señala muy bien en la Evangelii Gaudium: “El discípulo sabe dar la vida entera y jugarla hasta el martirio como testimonio de Jesucristo, pero su sueño no es llenarse de enemigos, sino que la Palabra sea acogida y manifieste su potencia liberadora y renovadora” (EG 24).

Ser cristiano es pues anunciar el Evangelio a todos los rincones de la Tierra, siendo testigo fiel de Jesucristo. Y ese anuncio puede ser causa de persecución. El auténtico cristiano debe asumir su compromiso y sus consecuencias. Nada fácil, por cierto, pero debemos estar seguros que Cristo está a nuestro lado.

Elevemos una sincera oración por todos aquellos cristianos perseguidos. Por los cristianos de los países lejanos. Por los misioneros perseguidos. Por los cristianos crucificados recientemente en Siria. Por los cristianos que viven a escondidas en China. Por los cristianos latinos que han muerto en cumplimiento del anuncio de Cristo. Por nuestros cristianos que viven atemorizados en Michoacán, Guerrero, Tamaulipas, Chiapas…

Oremos por ellos y por nosotros para que siempre seamos fieles testigos de nuestra fe.