El Papa Francisco se reunió con los jóvenes asiáticos en la clausura de la VI Jornada Asiática de la Juventud, uno de los motivos de su visita pastoral a Corea. Con los miles de jóvenes reunidos en el Castillo de Haemi el Santo Padre reflexionó sobre el lema de la Jornada: ¡Juventud de Asia, levántate!

Francisco se recordó a la juventud asiática los valores de su cultura: «ustedes ven y aman desde dentro todo lo bello, noble y verdadero que hay en sus culturas y tradiciones. Y, como cristianos, saben que el Evangelio tiene la capacidad de purificar, elevar y perfeccionar ese patrimonio».

También resaltó algunas de las características de la juventud contemporánea: «Ustedes y sus amigos están llenos del optimismo, de la energía y de la buena voluntad que caracteriza esta etapa de su vida. Dejen que Cristo transforme su natural optimismo en esperanza cristiana, su energía en virtud moral, su buena voluntad en auténtico amor, que sabe sacrificarse. Éste es el camino que están llamados a emprender. Éste es el camino para vencer todo lo que amenaza la esperanza, la virtud y el amor en su vida y en su cultura. Así su juventud será un don para Jesús y para el mundo».

El Santo Padre subrayó la realidad de que los jóvenes no sólo forman parte del futuro de la Iglesia: son también una parte necesaria y apreciada del presente de la Iglesia.»¡Son el presente de la Iglesia!»

Al meditar sobre la palabra fundamental del lema de la Jornada Asiática de la Juventud:«Despierta», Francisco enfatizó que «esta palabra habla de una responsabilidad que el Señor les confía. Es la obligación de estar vigilantes para no dejar que las seducciones, las tentaciones y los pecados propios o los de los otros emboten nuestra sensibilidad para la belleza de la santidad, para la alegría del Evangelio».

Finalmente el Papa exhortó a los jóvenes de Asia: «Con la certeza del amor de Dios, vayan al mundo, de modo que «con ocasión de la misericordia obtenida por ustedes»,  sus amigos, sus compañeros de trabajo, sus vecinos, sus conciudadanos y todas las personas de este gran continente «alcancen misericordia». Esta misericordia es la que nos salva».

 

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