Por Rubicela Muñiz con información de Chucho Picón

Víctor Manuel Vucetich es conocido como el mejor entrenador por los 14 títulos conseguidos al frente de diferentes equipos del futbol mexicano, pero pocos saben que es un hombre de fe, que reza el Rosario y que por ocho años fue misionero. Esto y más se plasma en el libro Dios también está en tu cancha, que en coautoría con el Pbro. José Ricardo Garduño, el entrenador mexicano escribió y compartió experiencias.

Vuce es actualmente director técnico de los Gallos Blancos del Querétaro y hace unos días se reunió con el padre Ricardo, quien vino de visita desde su natal Monterrey al Santuario de Schoenstatt (Corregidora, Querétaro). Ahí, El Observador tuvo oportunidad de platicar con ambos.

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-Víctor Manuel ¿Cuál es la clave de tu éxito?
La clave del éxito, como siempre lo he comentado, es primero encontrarse a sí mismo y tener esa fe, esa fe que es evidente, al menos en mí como católico, apostólico y “tampiquense” que soy, que viene de Dios, y, lógicamente, combinada con los elementos que uno tiene a su alrededor como pueden ser la familia, los amigos, un equipo de futbol. Cualquier área es importantísima para poder lograr el éxito en el lugar que uno quiera.

¿Cómo enfrentas la adversidad?
Con mucha convicción, con mucha fe y buscando hacer siempre lo correcto. Hay que ser perseverantes, pacientes y muy insistentes para lograr los objetivos y creer que se puede. La fe va moviendo las montañas, la actitud va superando las cosas difíciles, pero la fe hace lo imposible.

¿Qué te motivó a escribir este libro?
Lo que me motiva es el padre Ricardo. Él, por su fe, su profesión, su vocación y yo por mi profesión y mi fe, en algún momento se combinaron las dos partes para lograr algo.

Sin conocer a Vucetich y después de ver la película Invictus, que trata sobre la vida del Premio Nobel de la Paz, Nelson Mandela, el padre Ricardo pidió a Dios que pusiera a Vuce en su camino. El padre quería que viera la película, sobre todo después de haber sido nombrado técnico de la Selección Nacional de Futbol en el 2013. Y así fue: el técnico asistió a una Misa que el padre Ricardo oficiaba. El sacerdote le dio su bendición por el compromiso que le habían dado. Días después lo volvió a buscar, pues lo habían destituido con apenas dos partidos. Ahí comenzó la idea del libro.

«Me encanta el futbol y aparte soy sacerdote. Como trabajo en equipo el futbol logra grandes conquistas, pero también Dios a través de este técnico como es Víctor me ha demostrado que está en la cancha de hombres buenos, honestos y sobre todo creyentes, llegando a ganar títulos que alegran a la gente y los hacen cambiar, como dice la canción del Himno de la Roma, un domingo cualquiera», dijo el padre Ricardo.

La familia, la amistad, los valores, el deporte y, por supuesto, la fe, se van destacando en cada página del libro. Se presenta a un técnico que ha sabido sortear la adversidad de la mano de Dios y que desea que otros reflexionen sobre lo que quieren hacer de su vida.

Y a un sacerdote reflexivo que, como fanático, describe a través de su propio testimonio y el de otros jugadores y ex jugadores que Vucetich es un hombre «tocado por Dios».

Para el técnico tampiquense «leer este libro es tratar de encontrarse a uno mismo, es encontrar a lo mejor una respuesta que mucha gente necesita en ocasiones. Todo lo que uno se propone lo puede ir logrando con esa convicción, con esa fe».

El padre Ricardo destaca que «todos en la vida tenemos una cancha. Puede ser el trabajo, la familia o alguna actividad que tengamos en grupo. Cada actividad, para que realmente tengamos una experiencia válida y autentica, hay que tener títulos, es decir, que un éxito se vea concretizado en algo muy especial y muy definido. Después la vida nos va llevando a ser como los directores técnicos, a ser entrenadores para que otros logren títulos; logrando así la conquista de la felicidad».

Dios también está en tu cancha es un título que se puede disfrutar a cualquier edad. La historia de un hombre ganador, que reza el Rosario y que fue misionero durante ocho años en los lugares apartados y sin lujos, es apoyada y desmenuzada por un sacerdote.