Por Jorge TRASLOSHEROS |

El Papa publicó su esperada encíclica bajo el título Laudato Si’ (Alabado seas), que son las primeras palabras del cántico de San Francisco. Estamos ante la gran proclama de la Iglesia Católica frente al mundo contemporáneo, con la mirada del Evangelio y desde las periferias de la humanidad. Comparto algunas ideas a botepronto.

1.- No estamos ante una encíclica ecologista. Es mucho más que esto. Trata de nuestra relación con la naturaleza y con nosotros mismos, por lo que endereza una critica radicalmente cristiana a nuestro modelo de civilización.

2.- En materia doctrinal estamos en un momento tan grande, como cuando se publicó la encíclica Rerum Novarum de León XIII. En aquel 1891 daba inicio el desarrollo moderno de la Doctrina Social de la Iglesia, cuyos aportes y profundidad son evidentes a cualquier observador de buena voluntad. Ahora se enriquece con las reflexiones sobre la crisis de nuestra relación con la creación, radicalizando su enfoque centrado en la persona que es característica central de la DSI.

3.- Francisco, desde el primer momento, establece la continuidad de su magisterio con sus predecesores, en especial desde el Concilio Vaticano II, hasta introducir un elemento ecuménico de la mayor relevancia. Incorpora las reflexiones del Patriarca de Constantinopla Bartolomé, como precedente doctrinario de primer nivel. Además, la riqueza de fuentes es notable.

4.- Su Santidad nos propone a San Francisco de Asís, “amado también por muchos que no son cristianos”, como el modelo de ser humano en sana relación con la naturaleza lo que implica, por necesidad, la reordenación de nuestras relaciones personales y sociales. El Poverello, nos dice el Papa: “Era un místico y un peregrino que vivía con simplicidad y en maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la naturaleza y consigo mismo. En él se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior”. En san Francisco se anuncia una visión integral, universal, íntima, esto es, católica de nuestra relación con la naturaleza y nuestros semejantes.

5.- La Encíclica no tiene una gota de ingenuidad “naturalista”. Es un documento de gran fuerza que, con base muy sólida, hace un llamado a un cambio civilizatorio radical. Nuestra relación con la naturaleza no es un problema que la sola técnica pueda resolver, no es un asunto de invertir los capitales en el lugar correcto, con asepsia ecologista. La crisis deriva del abuso que hemos hecho del ser humano, la falta de respeto por su vida y dignidad, y de nuestra soberbia en la relación con la naturaleza. Existe, pues, una íntima relación entre “los pobres y la fragilidad del planeta”.

6.- Francisco ha lanzado una gran provocación a la humanidad y un reto a los poderosos de la tierra, empezando por los políticos tan alarmados por el cambio climático, quienes no se atreven a relacionarle con la miseria que agobia a lo que dan en llamar “mundo en desarrollo”. Callan la crisis cultural y antropológica que da paso al saqueo del planeta, reduciendo el problema a un desacierto tecnológico.

7.- Cualquier solución verdadera implica la transformación radical de las relaciones entre los pueblos y las personas, es decir, la eliminación de un modelo de civilización incapaz de sostenerse sin depredar la naturaleza y a las personas, sumiendo a la humanidad en la miseria moral, social y existencial. Seguiremos.

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