Por Juan GAITÁN |

Hace dos años fui invitado a escribir para El Observador de la Actualidad en línea. Mi primera reacción fue rechazar la oferta, porque ¿qué podía decir que fuera del interés de los lectores?

Después de recibir ánimo de algunas personas, acepté el reto y me di a la tarea de redactar textos semana a semana. Así descubrí lo que me resulta ser una labor apasionante.

Con la entrega de hoy, se suman 100 artículos. Una cifra que contiene una misteriosa fuerza encantadora que no quisiera dejar pasar, sino que aprovecho para reflexionar en torno a ella. Por eso, comparto 10 cosas (entre otras) que he aprendido escribiendo para el Señor.

  1. Uno pone y Dios dispone

Internet es un mundo vasto, a través del cual se logra una gran difusión, pero se pierde trato personal. Sólo Dios conoce los frutos de los artículos que pretenden contagiar la alegría de creer. Sucede en ocasiones que artículos que pienso despertarán gran interés no lo hacen, mientras que otros textos que percibo menos interesantes reciben buena acogida.

  1. La importancia de las herramientas pastorales

Los medios de comunicación son una excelente herramienta para servir a Dios. Es un reto para nosotros, como Iglesia, saber responder a las necesidades de cada época con plataformas y contenidos de calidad, atractivos, serios y provocativos. No podemos permitirnos quedar rezagados o al margen del desarrollo de las sociedades.

  1. Saber escuchar

Un pensador desconectado de la realidad puede caer en el error de responder a preguntas que a nadie le interesan. He aprendido poco a poco cómo logra mayor difusión un artículo cuando surge de inquietudes de los lectores.

  1. Uso adecuado del lenguaje

El lenguaje, es decir, la capacidad de comunicarnos, es uno de los dones más preciados que hemos recibido de Dios (el amor, a fin de cuentas, es comunicación). Como Iglesia hemos de asumir lenguajes frescos que llamen la atención del mundo, siendo siempre respetuosos. El Maestro es Jesús: hablar claro, de frente, pero colmado de amor.

  1. La Iglesia es una realidad plural

Esto es una verdad que todos deberíamos tener asumida. La recuerdo con agrado cada que recibo comentarios sobre mis artículos con opiniones opuestas a la que propongo. El contenido fundamental de la fe es sólido, pero se vive de muchas formas distintas. ¡Cuánta riqueza habita en la Iglesia!

  1. La Palabra es un don de Dios

La Palabra se hizo carne. En algún poema escribí a la Palabra: Eres mármol, eres escultor y eres escultura. El texto escrito tiene muchas bondades, entre ellas, que el lector se puede apropiar de una frase o una palabra que le sea significativa y provechosa para su vida espiritual (que es toda la vida).

  1. El lector reescribe el texto

Esto lo dicen los grandes autores del mundo literario, pero ahora lo he experimentado en carne propia. Suele ocurrir que lectores no toman del texto su punto central, sino algún elemento que les ayuda en ese momento de su caminar cristiano. Esto no es un error, sino una manera de multiplicar lo que el texto pueda tener de bueno. Hay tantos mundos como personas.

  1. A mayor espiritualidad, mejores artículos

Como toda persona, a lo largo de estos dos años he pasado por momentos más lúcidos que otros, así como por situaciones de gracia y otras de pecado. Me he dado cuenta cómo entre más viva sea mi espiritualidad, más decentes resultan las reflexiones que comparto, fluyen de mejor modo.

  1. Escribir compromete

Esto es propio de todos los proyectos que se emprenden en nombre del Señor. Cualquier apostolado comienza por el testimonio de vida. Es un reto enorme que no se logra más que de la mano de Dios. Quizá el hecho de estar oculto tras la inmensidad del internet disminuye la cantidad de ojos que observan a quien intenta contagiar el Evangelio, pero eso no reduce la exigencia.

  1. Siempre se recibe más de lo que se da

Es una verdad universal de todo trabajo pastoral: de un modo u otro, Dios multiplica con creces el esfuerzo realizado. El ejercicio de la escritura ofrecido a Dios robustece la propia fe y anima la vida espiritual.

Con la mano en el corazón, ¡gracias a todos los lectores de El Observador de la Actualidad!

 

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