Por Mónica MUÑOZ |

“Ayúdalo a ganar el concurso, te conviene”, es una frase que podemos acomodar como nos plazca, es decir, “ayúdalo a ganar las elecciones, el puesto laboral, el cargo público, el empleo, a pasar el examen, etc.”, porque desde que el ser humano existe en el mundo, le ha parecido bien actuar de acuerdo a lo que le reporte un beneficio.  Esta actitud es bastante comprensible, pues es obvio que nadie busca estar en desventaja o vivir con incomodidad voluntariamente, aunque pudiera parecer que es lo contrario.

Pienso, por ejemplo, en las personas que viven con pocos recursos financieros porque no tienen trabajo y se les dificulta encontrar alguno más o menos bien remunerado por sus escasos estudios. O aquellas familias que viven en lugares insalubres y reducidos, o incluso quienes viven en las calles. Creo que nadie desea vivir así, sin embargo las circunstancias de la vida los han forzado a permanecer en esa situación.

Por eso, es un escenario bastante común encontrarnos con que muchas de nuestras relaciones sociales y humanas se dan dentro del contexto de la conveniencia.  Basta echar una mirada a los grandes imperios, ya sean financieros o políticos, que se han construido sobre alianzas matrimoniales.  Recordemos un poco la historia de los faraones  de Egipto, donde las uniones conyugales entre hermanos aseguraban la descendencia de la misma familia, sin mezclas extrañas y con nefastas consecuencias, por supuesto, pues sus hijos nacían con la famosa “enfermedad de los reyes”, la hemofilia, lo que nos hace entender que no siempre hacer lo que nos conviene es la mejor decisión.

Ubicándonos en nuestra vida, demos un vistazo a la cotidianeidad, donde las decisiones  tienen mucho que ver con la conveniencia: una madre y un padre de familia buscan lo mejor para sus hijos en cuanto a casa, educación, escuela, religión y todo lo que tiene que ver para que su sustento, les obtenga un mayor provecho; buscan lo que sea bueno, bonito y barato, eso sí, de la mejor calidad, pero dentro de su presupuesto, para  que sus vástagos no sufran… o ellos no se molesten demasiado.

¿Cómo? Tengo en la mirada una señora (que puede ser cualquiera), que se pelea con las vecinas cuando los niños, que se juntan por las tardes a jugar, riñen y terminan llorando.  Ella, como buena madre, sale en defensa de sus  pequeños y discute con los demás niños, lo que provoca que las otras mamás también tomen la misma actitud y corran como leonas heridas a proteger a sus crías.  Resultado: las madres enemistadas, los hijos tan amigos como siempre.

Ya sabemos que los pleitos entre niños se resuelven pronto, si se les permite arreglar sus diferencias.  Enfrentar dificultades es parte de la formación, por eso aunque pudiera parecer que conviene que las mamás interfieran en problemas de niños, no es lo ideal para su desarrollo como personas.  Es preferible que las madres hablen con sus pequeños y les expliquen cómo deben comportarse para evitar peleas y abusos.

Otro ejemplo es el de quienes se quieren ahorrar trámites y pláticas cuando van a solicitar un servicio porque les parece demasiado engorroso, por eso hasta ofrecen dinero para que todo se les facilite.  No sé cómo sea con nuestros hermanos de otras confesiones religiosas, pero en el caso de los católicos, se pide a los padres y padrinos que asistan a pláticas cuando solicitan el Bautismo y la Confirmación y a los novios cuando desean casarse.

Por lo regular, después de la primera comunión, la mayoría de la gente detiene su formación en su fe, así que es más complicado convencerlos de que tomar pláticas es necesario para que entiendan las gracias que recibirán con cada sacramento que ellos mismos están requiriendo.  Y no falta quien, haciendo lo que cree mejor, incurre en prácticas deshonestas, como falsificar un comprobante o enviar a otra persona en su lugar para que cumpla con el requisito que a él o a ella no les acomoda.

Como siempre, es saludable hacer un alto en nuestra vida y detenernos a meditar seriamente sobre nuestros comportamientos y actitudes, es claro que no todo en este mundo nos va a causar gozo y placer, no sería normal, creo que contrario a lo que la gente cree en la actualidad, sacrificarse retribuye más que la comodidad: los padres y madres trabajan para mantener a su familia, el estudiante se esfuerza para obtener buenas calificaciones y alcanzar una beca, el profesionista invierte tiempo y dinero para hacer una maestría, los niños y adolescentes son corregidos para convertirse en personas de bien, en fin, todos tenemos que hacer lo que conviene, pero en el sentido recto de la palabra, para alcanzar nuestras metas y hacer nuestro mundo mejor.