ENTRE PARÉNTESIS | Por José Ismael BÁRCENAS SJ |

Hay muchos motivos por los cuales una persona se hunde en la depresión: desde situaciones dolorosas por las que se atraviesa, hasta desórdenes bioquímicos, entre otros. Este proceso de deterioro (y a ratos de caída libre en lo anímico) es difícil de detectar, en un principio, para quienes estamos alrededor de alguien así.La persona, digamos, físicamente está bien, no es como un catarro que externamente se nota. Aquí el problema es hacia dentro: una tristeza y un desmoronamiento de la voluntad comienza a extenderse como mancha de aceite. No es fácil acompañar a una persona depresiva; no siempre están del mejor humor, el pesimismo invade y si uno hace alguna propuesta viene el rechazo, a cada solución se le encuentra un problema. Si bien hay ansiolíticos que tranquilizan o medicamentos que ayudan a echar a andar el motor, si la persona no pone de su parte, es difícil que se salga del barranco.

En lenguaje de San Ignacio, diría que la depresión es la enfermedad del mal espíritu. Las ganas de tener ganas se ven seriamente dañadas. El horizonte se ve negro. Hay que advertir y reconocer la narrativa de los pensamientos. Este discurso mental intuye la inminencia de un desastre, deja a uno turbado, quitando la paz, tranquilidad y quietud que alguna vez se tuvo. Esta es una clara señal del proceder del mal espíritu, enemigo de nuestro provecho y salud eterna (5ª regla de discernimiento de Segunda Semana, EE 333).

¿Qué es lo que hay que hacer? Sabiendo que el mal espíritu nos tiene apresados y, como pulpo, nos ha enredado en sus tentáculos, Ignacio propone penitencia, ayuno, pedir ayuda a las Alturas y un fino trabajo de discernimiento. Esto consiste en aprender las mañas del mal espíritu, fortaleciendo nuestros puntos débiles, y abrirnos a la Gracia y Misericordia de Dios, escuchando las invitaciones del buen espíritu. No será fácil, y la dinámica interna de pensamientos, de ánimos y desánimos, será similar a la de alguien con sobrepeso que decide ponerse a dieta.

Hace poco me encontré con un libro que creo ayuda en esta línea: Amar lo que es, de Byron Katie y Stephen Mitchell. Byron Katie pasó por una profunda y larga racha depresiva, incluso con ideas de suicidio. Gracias a un trabajo de introspección y de sujetarse a un proceso de interrogación personal, sale del sufrimiento y se recupera. Si bien al depresivo los pensamientos le hacen malas jugadas, Katie aprende a cuestionarlos y quitarles ese condimento catastrófico formulándose cuatro preguntas:

1. ¿Esto es verdad?

2. ¿Tienes la absoluta certeza de que eso es verdad?

3. ¿Cómo reaccionas cuando tienes ese pensamiento?

4. ¿Quién serías sin ese pensamiento?

El proceso de cómo vive una persona en depresión podemos encontrarlo en el personaje de Claire Bennett, interpretado por Jennifer Aniston en la película ‘Cake’ (no sé si en España la habrán titulado ‘Tarta’ o si en México la habrán traducido por ‘Pastel’, 2014). Conforme avanza la película nos enteramos que Claire tuvo un accidente donde perdió a su hijo, a esto se deben las molestias en la espalda y las marcas en su cara, más profundas y dolorosas son las heridas internas que no han cicatrizado. Silvana, la mujer que trabaja en su casa (excelente interpretación de Adriana Barraza), la tratará con paciencia, pero también perderá los estribos y le dirá: “¡si se quiere matar, mátese!”.

El drama de esta enfermedad afecta no únicamente al depresivo, sino a su familia y amistades que lo quieren. Por más libros, medicinas, consejos, tratamientos y cadenas de oración –de esas que convierten feroces huracanes en tormentas tropicales- no funcionarán si el paciente, la persona que está en depresión, no decide poner cartas en el asunto y levantarse. Que la fe nos ayude a tener paciencia, empatía y misericordia con los que padecen depresión. Y a los depresivos, que Dios les dé la fuerza, los deseos y la determinación para asumir su enfermedad y día a día luchar contra los malos espíritus que se esconden en pensamientos y sentimientos. Que así nos abramos a la esperanza y paz que trae el bien espíritu.

@elmayo