Comunicación y Misericordia: un encuentro fructífero” es el tema elegido por el Papa Francisco para la 50 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que la Iglesia celebra el 8 de mayo 2016.

La Jornada de este año se sitúa en el centro del Jubileo Extraordinario de la Misericordia al que hace referencia directa el tema de la Jornada. Además, es la primera Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales que se celebra después de la creación de la Secretaría de Comunicación por el Papa Francisco.

En la Jornada que se celebrará en un momento en que está aumentando la propagación de los medios sociales, Francisco niega que “una visión de la sociedad arraigada en la misericordia sea excesivamente idealista o demasiado indulgente” y advierte que “el entorno digital es una plaza, un lugar de encuentro, donde se puede acariciar o herir, tener una discusión útil o un linchamiento moral”.

“El Año Santo de la Misericordia nos invita a reflexionar sobre la relación entre la comunicación y la misericordia. En efecto, la Iglesia, unida a Cristo, encarnación viva de Dios Misericordioso, está llamada a vivir la misericordia como rasgo distintivo de todo su ser y actuar. Lo que decimos y cómo lo decimos, cada palabra y cada gesto debería expresar la compasión, la ternura y el perdón de Dios para con todos. El amor, por su naturaleza, es comunicación, lleva a la apertura, no al aislamiento. Y si nuestro corazón y nuestros gestos están animados por la caridad, por el amor divino, nuestra comunicación será portadora de la fuerza de Dios”.

“Como hijos de Dios estamos llamados a comunicar con todos, sin exclusión. En particular, es característico del lenguaje y de las acciones de la Iglesia transmitir misericordia, para tocar el corazón de las personas y sostenerlas en el camino hacia la plenitud de la vida, que Jesucristo, enviado por el Padre, ha venido a traer a todos. Se trata de acoger en nosotros y de difundir a nuestro alrededor el calor de la Iglesia Madre, de modo que Jesús sea conocido y amado, ese calor que da contenido a las palabras de la fe y que enciende, en la predicación y en el testimonio, la «chispa» que los hace vivos”.

Francisco recuerda que “la comunicación tiene el poder de crear puentes, de favorecer el encuentro y la inclusión, enriqueciendo de este modo la sociedad” y añade que “las palabras pueden construir puentes entre las personas, las familias, los grupos sociales y los pueblos”.

Por este motivo, el Papa invita “a las personas de buena voluntad a descubrir el poder de la misericordia de sanar las relaciones dañadas y de volver a llevar paz y armonía a las familias y a las comunidades”.

Asimismo hace un llamamiento “a cuantos tienen responsabilidades institucionales, políticas y de formar la opinión pública, a que estén siempre atentos al modo de expresase cuando se refieren a quien piensa o actúa de forma distinta, o a quienes han cometido errores” ya que es fácil “ceder a la tentación de aprovechar estas situaciones y alimentar de ese modo las llamas de la desconfianza, del miedo, del odio”. “Se necesita, sin embargo, valentía para orientar a las personas hacia procesos de reconciliación”, aseveró.

Por otro lado, el Papa recuerda la importancia de la escucha porque “comunicar significa compartir, y para compartir se necesita escuchar, acoger. Escuchar es mucho más que oír. Oír hace referencia al ámbito de la información; escuchar, sin embargo, evoca la comunicación, y necesita cercanía. La escucha nos permite asumir la actitud justa, dejando atrás la tranquila condición de espectadores, usuarios, consumidores”.

Sin embargo, Francisco asegura que “escuchar nunca es fácil” porque “escuchar significa prestar atención, tener deseo de comprender, de valorar, respetar, custodiar la palabra del otro” y añade que “saber escuchar es una gracia inmensa, es un don que se ha de pedir para poder después ejercitarse practicándolo”.

Por último, el Papa se refiere también a los correos electrónicos, los mensajes de texto, las redes sociales, los foros que “pueden ser formas de comunicación plenamente humanas. No es la tecnología la que determina si la comunicación es auténtica o no, sino el corazón del hombre y su capacidad para usar bien los medios a su disposición”. “Las redes sociales son capaces de favorecer las relaciones y de promover el bien de la sociedad, pero también pueden conducir a una ulterior polarización y división entre las personas y los grupos”, explicó.

Por este motivo, pide que en el Año Jubilar vivido en la misericordia “nos haga más abiertos al diálogo para conocernos y comprendernos mejor; elimine toda forma de cerrazón y desprecio, y aleje cualquier forma de violencia y de discriminación”.