Por Antonio MAZA PEREDA | Red de Comunicadores Católicos |

En una muestra de gran confianza, el Papa Francisco da una enseñanza pública a los obispos mexicanos… y también a todos los fieles.

Sorprendente. Inusual. Único. De acuerdo; las enseñanzas y observaciones del Papa a los obispos, siempre habían ocurrido en lo privado. Un fuerte discurso, una reconvención, un “leerles la cartilla”, dicen algunos. Bueno… no necesariamente estoy de acuerdo.

El Papa, todos los Papas, tienen varios encargos en su puesto. Es nuestro maestro, sucesor de Jesús, el supremo Maestro. También es el Pontífice, el que construye puentes. Y también es el dirigente de la Iglesia. En este discurso a los Obispos mexicanos, vimos al Papa en su papel de dirigente. El hermano mayor que, con caridad pero con firmeza, dice qué espera de los obispos mexicanos.

No es este el momento de analizar detalladamente los más o menos 18 puntos que cubrió el Papa en esta alocución. Eso amerita un análisis sereno, detallado y muy bien fundamentado. Pero, en un cuadro impresionista hay algunos puntos a destacar.

El Papa nos dio una amplia imagen de lo que debe ser un Pastor, pero esas enseñanzas pueden y deben aplicarse también a los sacerdotes, a los laicos comprometidos en labores del apostolado jerárquico y también se puede aplicar al seglar que tiene funciones de dirigente en su vida diaria, en el mundo. Los conceptos de transparencia, de ver siempre a la Persona, evitar el materialismo, de pelearse si hace falta, pero terminando con discernimiento y sanando la relación son meramente ejemplos de algunos puntos que todos podríamos y deberíamos adoptar.

¿Qué algunos se hayan podido sentirse aludidos? Sin duda. Y a alguno le puede haber dolido. ¿Que alguien más se haya escandalizado o que haya fingido escandalizarse para burlarse de los católicos y sus dirigentes? Por supuesto. Todos esos riesgos ocurren. Pero el Papa no quiso hacer esas observaciones en “lo oscurito”. Es un hombre de una pieza. Congruente y valiente. Como su Maestro, Jesús.

Antes de ponerse a buscar a quien se refería el Papa o de que hecho concreto estaba hablando, deberíamos voltear cada uno hacia nuestra manera de cumplir nuestras obligaciones y discernir en donde hay lecciones que podemos aplicar y cómo las podemos implementar. Ir más allá de lo anecdótico y lo sorpresivo para encontrar las lecciones de fondo y el modo como podemos aplicarlas.

Para mí, independientemente de los muchos aspectos que debo mejorar, me queda una gran alegría. El discurso del Papa Francisco y el hecho de que lo haya hecho en público, me dice que el Papa nos ve como una comunidad madura. Una que puede recibir una enseñanza así sin resentimiento, sin escandalizarse. Que somos capaces, como Iglesia Católica Mexicana de recibir evaluaciones no muy agradables, sin quedar adoloridos, sino actuando como adultos para implementar lo que se nos pide. Reconociendo lo bueno que tenemos, para construir sobre ello y asumiendo con alegría la tarea de mejorar lo que debemos mejorar. Yo no estoy seguro de que hace algunos años, el Papa nos habría podido tener ese nivel de confianza. Eso me hace sentir muy feliz. Y ahora, hay que demostrar que somos dignos de esa confianza.

@mazapereda