Por Juan Gaitán | @Mundoyfe |

Las espiritualidades orientales se han adentrado rápidamente en los últimos años a nuestras sociedades. A algunas personas les gusta su carácter armónico con la creación, a otras su sentido “curativo”, otros adoptan una de estas religiones orientales por completo.

Este es un fenómeno que podría arrojarnos muchos datos si lo analizamos a detalle (como una serie de vacíos interiores que nuestra pastoral cristiana no está logrando cubrir), pero no es el momento. Más bien quiero decir que ciertamente estas corrientes de pensamiento han aportado mucho a nuestra cultura occidental.

La Psicología actual, de hecho, se ha servido principalmente de un concepto que hoy es muy utilizado en la búsqueda del desarrollo humano y del bienestar, en la educación, en la psicoterapia, etc. Este concepto es llamado: mindfulness. Traducido como Atención plena.

La idea mindfulness está asociada principalmente con la meditación. Y no es que en el cristianismo esto no exista, al contrario, ¡la historia de la Iglesia está llena de grandes místicos! Pero quien hizo notar el valor de esto entre los profesionales psicólogos fueron las espiritualidades orientales.

Mindfulness significa estar totalmente presente en el aquí y el ahora. Una concentración cien por ciento colocada en lo que se y se percibe, en la experiencia. De ahí su traducción al español: Atención plena.

Los psicólogos que se sirven de la práctica de la atención plena han descubierto muchos beneficios de aplicarla. Por ejemplo, se han percatado que incluso un plato de sopa se saborea muchísimo más poniendo detallada atención a cada cucharada, su textura, su temperatura, sus colores y su sabor.

Haz la prueba tú mismo. Come un día poniendo atención a los sabores de cada cucharada. Otro ejemplo: la próxima vez que beses a tus hijos, a tus padres o a tu pareja, no lo hagas de forma automática, sino siendo consciente del cariño que les tienes. Fíjate en la textura de las pieles al momento del contacto, así como en el amor que le haces llegar. Poco a poco aprenderás a aprovechar al máximo las experiencias (¡internas y externas!)

Esto me hizo pensar en cuánto he estado desaprovechando mi propia espiritualidad. Jesús de Nazaret nos ha revelado el rostro del Padre: misericordia, amor, entrega, compasión, paz. A precio de sangre nos ha entregado una Alegre Noticia y ha instaurado el Reino de Dios en la tierra.

Eso, que no es poco, sino el más grande tesoro de la historia humana, nos ha sido regalado gratuitamente y, además, lo rememoramos y experimentamos en cada sacramento. Principalmente en la Eucaristía.

¡Nos pasa tanto que no somos conscientes de la riqueza de dar la paz en el rito de la misa, de comulgar el Cuerpo de Cristo, de rezar “Padre Nuestro”! El Dios del universo, quien excede los límites de nuestra comprensión, quien se hizo hombre, fue humillado en la cruz y resucitó de entre los muertos, Él es quien me ama y me pide amor para los demás. ¿A dónde me conduciría meditar esto diariamente con atención plena?

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