AGENDA INTERNACIONAL | Por Georg EICKHOFF |

 

Está sentado en una silla de ruedas y es el ministro más exitoso en el gabinete de Angela Merkel. Pocos ministros de finanzas del mundo pueden mostrar resultados tan positivos como Wolfgang Schäuble, un veterano de la política alemana. Desde 1972 forma parte del Bundestag, el parlamento federal alemán. Con ello, es el parlamentario de más larga trayectoria en la historia de la República Federal. El régimen parlamentarista de Alemania permite y favorece que los diputados sigan como miembros del parlamento cuando son nombrados secretarios del gobierno. Así es posible que Schäuble suma, además, 25 años en distintos cargos del gabinete federal alemán, bajo Helmut Kohl y Angela Merkel. Este 18 de septiembre, Schäuble cumple 74 años.

El pasado 6 de septiembre, Schäuble presentó el presupuesto nacional de Alemania en el Reichstag de Berlín. Tiene un volumen de 328.000 millones de euros (370.000 millones de dólares), 12.000 millones de euros más que el año en curso. El gobierno federal alemán no contraerá nuevas deudas, por tercer año consecutivo. Las deudas ya contraídas en décadas, entre otras razones por los costos de la reunificación alemana, son inmensas. En el presupuesto 2017, se estipulan 19.290 millones de euros para pagar un pequeña parte la deuda. Esto son 4.480 millones menos que en el presente año. Los intereses extremamente bajos o hasta negativos, en los mercados internacionales, permiten a Alemania reducir los costos de su deuda la cual suma, en todo el sector público, más de 2 millones de millones de euros.

Los jóvenes de su partido, la democracia cristiana, adoran al veterano Schäuble. Según ellos, la rigidez en el gasto que él práctica, y que critican muchos alemanes y sobre todos los vecinos europeos, contribuye a lo que se llama la “justicia intergeneracional”. Es el mismo concepto que el Papa Francisco maneja en su encíclica Laudato si´. Tanto en la ecología como en las finanzas, la generación presente no debe colocar pesos insoportables sobre los hombros de las generaciones futuras.

El buen luterano Wolfgang Schäuble criticó recientemente la politización del protestantismo en Alemania. Con vistas al próximo quinto centenario de la Reforma, consideró que el autoritarismo de Martín Lutero en cuestiones políticas fue una carga pesada para la historia alemana, hasta en el efecto que tuvo en la obediencia ciega de muchos a Adolfo Hitler. Lanzó, en esta ocasión, una frase algo oscura, que los alemanes pueden reconocer como un típico ejemplo del estilo de pensamiento de Schäuble: “Religión, para ser política, debe ser en primer lugar religión”.