Por Luis Antonio Hernández / votocatolico.mx

Después del resultado de las elecciones generales del mes que recién concluyó, es evidente que México necesita de partidos de oposición fuertes que puedan convertirse en un contrapeso y alternativa viable para una sociedad heterogénea y plural, que tenga la posibilidad de distinguir el buen gobierno y sancionar los abusos, la corrupción, la injusticia y el autoritarismo, que solo beneficia a unos cuantos.

Las opciones políticas que hasta hace unas semanas tenían una representación mayoritaria en el Congreso Federal y los legislativos estatales, pronto se convertirán en actores antagónicos muy marginales dentro de la vida política y parlamentaría de nuestro país.

Además de las limitantes numéricas que por sí mismas anulan sus posibilidades de influir en la agenda y decisiones nacionales, partidos como el PRI enfrentarán un grave problema doctrinal pues el ideario que durante muchos años construyeron y representaron hoy se ha convertido en la principal bandera del lópezobradorismo y MORENA, quien con su discurso reivindicador rápidamente se ha apropiado del espectro político de la izquierda y centro izquierda.

En el corto plazo estas instituciones tendrán que iniciar un acelerado proceso para reinventarse ideológica y políticamente, para buscar su personalidad y diferenciales en el nuevo concierto electoral.

Ante esta situación vale la pena preguntarnos con quiénes impulsarán sus nuevas agendas de trabajo, si tendrán alguna idea de los temas que deben incorporar a sus nuevas plataformas.

En este contexto, los proyectos impulsados por diversas organizaciones sociales de inspiración cristiana, enfocados a promover la vivencia de los principios de la Doctrina Social de la Iglesia dentro de la vida publica de nuestra nación, podrían constituir una importante contribución para la reformulación de estas instituciones políticas.

La competitividad futura de estos partidos podría depender de su disposición y convicción para ahora sí abrazar y acompañar las causas más sentidas de un segmento mayoritario de la sociedad mexicana.

Defensa de la vida, respeto a la dignidad humana, fortalecimiento de la familia, libertad religiosa, rendición de cuentas y bien común, son algunos de los temas que interesan a más del 70% de la población, millones de ciudadanos que hoy en día identifican en la composición de las Cámaras de Senadores y Diputados, la mayoría de los congresos locales, así como en las prioridades esbozadas por algunos de los eventuales colaboradores del nuevo régimen, una amenaza real a los valores de la mayoría de los mexicanos.

En un país con alrededor de 82 millones de personas que se identifican a sí mismas como católicas, articular una alianza de esta naturaleza significaría contar con un eficaz instrumento de contrapeso político y social al ejercicio de los poderes legislativo y ejecutivo; asimismo, constituiría un significativo aporte para la edificación de una cultura humanista.

Ello dependerá de la capacidad que tengamos los creyentes para escuchar, reconciliarnos, perdonar y tender nuevos puentes de entendimiento con quienes en el pasado pudimos tener desavenencias. Construyamos una nueva sociedad a partir de la solidaridad y la generosidad con todos.

 

Publicado en la edición impresa de El Observador del 29 de julio de 2018 No.1204