Carlos Rubén Martínez Bárcenas tiene apenas 17 años, pero ya está encargado, en su parroquia, del rescate del arte sacro y de todos los bienes eclesiásticos de valor histórico del municipio de Colón, Querétaro.

Por Chucho Picón

Rubén, ¿cuál es tu función dentro de tu parroquia?

Yo soy el encargado del rescate del arte sacro y de todos los bienes eclesiásticos de valor histórico para el municipio. Junto con un equipo nos encargamos de restaurarlo, mantenerlo y resguardarlo entre los muros de esta parroquia.

¿Qué elementos han encontrado, o que piezas tienen de arte sacro?

Lo más significativo son los ornamentos sacerdotales, las casullas de las que tenemos certeza de que pertenecieron a sacerdotes que a lo largo de los 260 años como parroquia han celebrado la Eucaristía tanto en el templo como en las haciendas y en los montes de nuestro territorio parroquial.

¿Cómo es que tú te involucraste en el resguardo y la investigación de estos elementos históricos?

Yo siempre tuve una gran fascinación por la antigüedad y por la historia; me llaman mucho la atención todos los elementos artísticos que desde el pasado la Iglesia ha tenido para uso litúrgico.

Así que yo me involucré  simplemente por amor a la historia y a la conservación de las piezas artísticas que fueron parte de la identidad de este pueblo. Cada una de ellas encierra una historia que nos involucra a todos como parroquianos y como habitantes del municipio de Colón.

Entonces, ¿Colón tiene arte sacro? Colón tiene arte sacro, y de sobra.

Uno de los elementos más importantes que tenemos es un cáliz que, de acuerdo con los elementos históricos de que disponemos, sabemos que fue el utilizado en la Misa de la erección de la parroquia; un cáliz que fue utilizado por los cristeros cuando celebraban la Misa en los montes y en las cuevas; un cáliz y ornamentos que fueron usados por los sacerdotes y llevados al monte, y después regresados a la parroquia durante la Cristiada.

Seguramente es un motivo de orgullo saber que entre tus manos tienes estos elementos…

Es un motivo de satisfacción, como joven colonense y como amante de la historia. Es un orgullo saber que en mis manos está una pieza de una época en la que ni mis abuelos pudieron participar de ella.

Y estos elementos de arte sacro, ¿cómo los han descubierto?,  ¿quién te los ha dado?, ¿cómo han llegado a tus  manos?

Muchos de los servidores de la parroquia nos ayudaron a encontrarlos. Algunos de estos elementos estaban ya en el templo, pero se encontraban olvidados, en cajas de cartón, a merced de la humedad y en el sol, donde nadie les ponía atención.  Eran elementos de arte que estaban siendo desperdiciados. Estaban perdiendo su valor artístico.

Entonces se les rescató y se les dio un tratamiento para su conservación y para que las futuras generaciones puedan tener el mismo privilegio que nosotros de conservar, ver y utilizar estos elementos de arte sacro.

¿Cuál es la antigüedad de estas piezas de arte sacro?

El elemento más antiguo que hemos encontrado tiene aproximadamente 300 años.

Destacan por su antigüedad diversas pinturas de la Virgen del Carmen y de la Virgen de Guadalupe; ornamentos y vasos sagrados. Y cada uno tiene una historia que contar.

¿Crees que sería necesario un museo de arte sacro, un museo cristero o quizá las dos cosas?

Las dos cosas. Porque los cristeros se movilizaron por su fe pero también para resguardar lo que era suyo, lo que les daba identidad, lo que para ellos y para su iglesia era sagrado. Por eso creo  que es necesario un museo cristero que tenga arte sacro; porque los cristeros y el arte sacro no pueden ir despegados.

De las piezas con que ustedes cuentan, ¿cuáles más se utilizaron en el movimiento cristero?

Tenemos una bandera que creemos que es la que se llevó en el combate y en el levantamiento de Colón.

Igualmente podemos mencionar muchas imágenes de santos. Tenemos dos importantes casullas, usadas en las Misas, bautizos y funerales clandestinos. Una de las casullas perteneció al padre Jesús Frías, quien era el párroco de Colón durante la persecución religiosa.

También conservamos varias estolas confesionales, que utilizaron nuestros sacerdotes para confesar a los soldados cristeros.

Rubén, ¿por qué crees que la gente debería venir a conocer todos estos objetos sacros e históricos?

Sería importantísimo porque se trata de un patrimonio que nos da identidad no solo como municipio sino identidad como estado, pues Colón fue el único municipio queretano en levantarse en armas y estar presente en esta gesta de salvaguardar la fe, la integridad de los templos y la importancia que Dios tenía para todos en esta guerra cristera.

 

Publicado en la edición impresa de El Observador del 22 de julio  de  2018 No. 1202