Por Raúl Espinoza Aguilera @Eiar51e

Comienza este «segundo tirón» del año. Paulatinamente se reanudan las clases en los centros educativos y las personas retornan a sus labores cotidianas, después de unas merecidas vacaciones de verano.

Y la primera pregunta que nos podríamos hacer es: ¿Y cómo van esos propósitos concretos que nos forjamos a principios del año 2018? ¿Los tenemos claros y estamos luchando por alcanzarlos? ¿O, bien, ya se nos olvidaron?

Si esto último ocurrió, no caben los desánimos. Un buen amigo, cuando le ocurría esto, me comentaba desalentado: «¡Soy de los peor! ¡Soy de lo peor! ¡No tengo remedio!». Y yo le respondía, con sentido de humor, por la confianza que nos tenemos: «Mira, no dramatices, ¡sobran actores de telenovelas! ¡Todos somos de lo peor porque estamos hechos de la misma materia, de carne y hueso! ».

De manera que si tú y yo caemos en la cuenta de que esos propósitos de enero «se nos borraron del mapa», lo importante es levantarnos y reanudar el paso con nuevos bríos, ¡y no complicarnos más!

Disfruto bastante de las competencias de atletismo de 100 metros planos, de 200 metros, de 4 por 400 metros con relevos. Observo que la importancia está en los detalles: 1) En arrancar con rapidez y determinación; 2) en abrir con oportunidad y acierto la zancada de los pasos; 3) en utilizar los brazos para imprimir una mayor velocidad; 4) en meter el impulso final (o sprint), muchas veces adelantando hacia adelante el pecho, para ser el primero en romper el listón que marque el triunfo.

Había un par de consejos que nos repetía el entrenador de deporte, cuando practicábamos estas pruebas de velocidad en la preparatoria: 1) «¡Concéntrate plenamente en tu propia carrera!». 2) «¡Nunca te compares con los demás, mirando hacia los carriles contrarios! Porque puedes confiarte, creer que ya venciste y bajar tu propio récord del cronómetro, o, por el contrario, te vas a desanimar si te percatas que vas un poco rezagado del resto!».

Hay un poeta al que admiro mucho, Antonio Machado, el llamado «Poeta de Castilla», quien escribió un verso que viene muy bien a este propósito y es tan breve como profundo. Dice así: «Cada caminante siga su camino».

Pienso en estas nuevas modas por las que determinadas personas se supravaloran y se sienten muy superiores a los demás (cuando la cruda realidad dice lo contrario), o que poseen una baja autoestima (cuando objetivamente tampoco es verdad, ya que es más preponderante la nociva actuación de su traicionera imaginación).

Escuchaba, hace unos días, mientras estaba haciendo cola para pagar unos alimentos, en un supermercado, que una señora, en voz alta, sostenía en plan catastrófico a su comadre: «¡Convéncete, ya se vienen las fiestas patrias, luego Día de Muertos, después las Posadas, ¡y el año se acabó! ¿Te das cuenta?». En un principio me pareció exagerada semejante consideración, sobre todo porque esto lo decía a finales de julio.

Pero luego me quedé pensando que algo de razón tenía. ¿A qué me refiero? A que el tiempo de la vida es breve y en un abrir y cerrar de ojos los meses parece que vuelan y se deslizan como un cuchillo sobre la mantequilla.

Me parece que lo importante ahora es aprovechar este segundo semestre para dar un nuevo y fuerte impulso a las metas que nos habíamos planteado desde el inicio de año. ¡Vale la pena cuidar bien nuestro orden, las metas proyectadas y este tiempo nuestro tan fugaz!

 

Publicado en la edición impresa de El Observador del 19 de agosto de 2018 No.1206