Por Sergio Estrada

Analizar el resultado del protagonismo que la mujer ha desarrollado desde hace más de 50 años y las diferentes transformaciones en su papel en la sociedad, es el objetivo del diplomado «Enfoque Feminista de la Teología Cristiana», de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.

«La teología feminista es un aporte importante en el desarrollo social debido a que recupera el talante inclusivo de la mujer que quedó plasmado en los orígenes del cristianismo, que se ha legitimado teológica e ideológicamente con el transcurso del tiempo respecto al hombre. Todo basado en la profundización y análisis en la lectura de los aspectos bíblicos con la óptica feminista», compartió la maestra Marisa Noriega, miembro de la cátedra de Teología Feminista de la Universidad Iberoamericana.

Esta teología feminista surge como una crítica, ya que estudia, analiza y reconstruye las categorías opresivas y excluyentes que se le han impuesto y no busca competir ni mucho menos tener superioridad con los hombres, ni empoderamiento alguno.

La teología feminista es liberadora, ya que parte de que todas las personas somos iguales y creadas a semejanza de Dios para establecer relaciones libres y recíprocas.

Su perspectiva -dijo la académica- es tomar en consideración la vida y las cotidianidades de opresión y marginación de las mujeres, así como sus anhelos, búsquedas y esperanzas. Y aseguró que esta teología surgió de los movimientos de liberación de las mujeres desde finales del siglo XVIII y, a través de esta etapa, se ha ido modificando y actualizando de acuerdo con los signos de los tiempos.

Al ser capaces de transformarse y autodeterminarse los seres humanos como creadores y constructores de su vida, lograrán educar en casa, en la calle, en la escuela, y en estas situaciones participamos todos para tener injerencia en las distintas instituciones y reconstruir la transformación en los ámbitos político y social, estableciendo relaciones equitativas que contribuyan a edificar sociedades justas y más humanas.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 2 de septiembre de 2018 No.1208