En 2007 México encabezaba la lista de naciones con más sacerdotes asesinados. Desde entonces, el país sigue apareciendo como campeón en este nada honroso recuento.

Ser sacerdote se ha convertido en uno de los estados de vida más peligrosos. En el sexenio de Felipe Calderón fueron víctimas de homicidio 15 sacerdotes.

Hasta la mitad del sexenio de Enrique Peña Nieto ya se habían contabilizado 520 extorsiones a presbíteros y religiosos, y en los primeros cinco año del sexenio ya iban 18 sacerdotes  asesinados.

Las motivaciones para quitar la vida a estos ministros eclesiásticos  han sido variadas: por simple desprecio; por deseo de obtener dinero a través de ellos;  por venganzas, e incluso por defensa propia.

Pero salvo un par de casos vergonzosos, uno en 2017 y otro en 2018, no se puede hablar de vidas escandalosas por parte de los presbíteros victimados; por el contrario, se sabe que eran hombres de bien, queridos en sus comunidades.

A veces simplemente a los criminales no les convenía que siguieran hablando del pecado y llamando a la conversión; y otras veces querían  eliminar a los sacerdotes por ser los únicos que se atrevían a defender a la comunidad y denunciar los atropellos de la delincuencia organizada en contubernio con estructuras gubernamentales.

Los siguientes dos casos, ocurridos en el presente año, muestran cómo ya ni los sacerdotes de México están a salvo del terrible fenómeno de las «desapariciones»:

▶ Moisés Fabila Reyes, de 84 años,  presbítero y capellán de la Basílica de Guadalupe, fue secuestrado el 3 de abril de 2018 cuando estaba de vacaciones. Sus familiares decidieron pagar a los secuestradores una enorme cantidad de dinero —se dice que el equivalente a dos millones de dólares— a fin de no arriesgar la vida del sacerdote; pero,  a pesar de entregar el pago, no supieron más del ministro de Dios sino hasta el 22 del mismo mes, cuando fue encontrado muerto en el estado de Morelos. Según reveló la autopsia, parece que falleció de un infarto al miocardio al momento de su secuestro, y, por supuesto, sus plagiaros callaron el hecho para que la familia pagara.

▶ El 18 de agosto de este año la arquidiócesis de Morelia denunció la desaparición del sacerdote Miguel Gerardo Flores, de 49 años de edad. Estaba en el municipio de Uruapan, Michoacán, y, tras celebrar la Misa,  hombres armados «levantaron» al presbítero.  El 25 de agosto fue encontrado sin vida en el municipio de Múgica, Michoacán. Su cuerpo estaba atado de las manos y los pies.

Omar Sotelo, fundador del Centro Católico Multimedia, explica la situación del país con estas
palabras:

«La figura del sacerdote se ha desacralizado como guía y pastor de comunidad. Con el asesinato de un sacerdote se manda el mensaje claro de que si mato a un cura puedo matar a cualquiera».

Redacción

TEMA DE LA SEMANA: MÉXICO, EL PAÍS DE LOS QUE «DESAPARECEN»

Publicado en la edición impresa de El Observador del 30 de septiembre de 2018 No.1212