Las ejecuciones, realizadas por los cárteles del crimen organizado o por algunos policías, militares o paramilitares, requieren siempre lo mismo: esconder, literalmente, «el cuerpo del delito». De ahí que las fosas clandestinas están por todas partes; y las desesperadas madres de los desaparecidos, ante la escandalosa ineficacia de los gobiernos, se han dado a la tarea de indagar, escarbar, rescatar los cuerpos y ayudar a su identificación. Lo que ellas hacen es verdaderamente ejemplar.

EN  SINALOA

Mirna Nereyda Medina ha tenido que enfrentar la peor desgracia que podía siquiera haber imaginado: la desaparición de su hijo Roberto Corrales en la comunidad de Mochicahui, municipio de El Fuerte, Sinaloa. El 14 de julio de 2014 el joven de 21 años, que no tomaba alcohol ni vendía o consumía drogas, estaba en una gasolinera vendiendo discos cuando se lo llevaron en una camioneta. Su mercancía quedó abandonada en el lugar, y ya nunca más contestó su teléfono celular.

Denunciado el hecho, Mirna aún tenía esperanzas de encontrar a su hijo con vida; pero pasaba el tiempo y cuando preguntó a la policía dónde estaban buscándolo, le respondieron  que «ellos no se encargaban de buscar, sólo de investigar»; así que supo que era inútil esperar resultados de las autoridades, y ella misma se puso a buscar a Roberto, rastreando lugares donde se pensaba que pudiera estar su cuerpo  y el  de otros desaparecidos, y en este proceso se le fueron sumando otras madres en situaciones semejantes. Buscaban en ranchos abandonados, cerros, canales, orillas del río y del tren, y cavaban en terrenos que se sospechaba podían ser fosas clandestinas.

Haciendo lo anterior, el grupo de «Rastreadoras de El Fuerte» que encabeza Mirna y que representa a unas 300 familias de cuatro municipios al norte de Sinaloa, encontraron en los dos primeros años 62 cuerpos.

Pero de Roberto aún no se sabía nada. Sin embargo, el 14 de julio de 2017 finalmente fue localizado en un cerro, fue el cuerpo número  93 de todos los que han encontrado estas «Rastreadoras de El Fuerte».

Hoy Mirna sigue cavando, para  encontrar a los hijos de otras madres. Hasta agosto de 2018  su grupo había localizado 128 cuerpos en un total de 97 fosas clandestinas.

EN  VERACRUZ

El 28 de junio del 2013 el hijo de Lucy Díaz fue secuestrado en el estado de Veracruz.  Los plagiarios pidieron rescate, y la familia pagó todo lo que le exigieron; sin embargo, el joven jamás regresó.

Lucy entendió que su hijo estaba muerto, pero se prometió buscarlo sin descanso hasta hallarlo y darle digna sepultura. Y con 50 madres de otros desaparecidos acabó por fundar en el estado de Veracruz el «Colectivo Solecito».

Decididas a salir a buscar por ellas mismas a sus familiares,  se pusieron a excavar en diversos terrenos, entre ellas el tristemente célebre predio Colinas de Santa Fe, en el municipio de Veracruz, conocido como el «narcocementerio» más grande de América, donde en 2016 hallaron en sus poco más de 20 hectáreas un total de 75 fosas clandestinas con restos humanos.

Sumado lo anterior a otras iniciativas de los ciudadanos, en apenas 5 meses de aquel año ya había sido posible localizar un total de 90 fosas clandestinas.

«Colectivo Solecito» recuperó en un período de un año y 9 meses un total de 287 cuerpos en Colinas de Santa Fe.

En cambio, la policía de Veracruz  sólo pudo encontrar en 4 años 6 fosas clandestinas, y la PGR apenas 2 en un lapso de 6 años.

Haciendo corte en agosto de 2018, la Fiscalía General del Estado confirmó la presencia 283 cráneos encontrados en más de 300 narcofosas; pero las  madres rastreadoras aseguran que no es cierto: que son más de 300 los cráneos hallados, y que además hay una decena de puntos en donde podría haber más cuerpos sin ser exhumados.

Lucy Díaz, líder del Colectivo,  lamenta que sean las madres de familia las únicas que responden por los desaparecidos, ante la ineficacia, poca voluntad y nulo interés por parte de las autoridades.

MÁS  RASTREADORAS

En México existen actualmente  unas 50 asociaciones civiles conformadas por familiares de personas desaparecidas. Sin embargo, no todos estos grupos son propiamente de rastreadoras o rastreadores; pero entre las que sí, pueden mencionarse a  los siguientes:

«Colectivo Familias Unidas», de Nayarit. Son rastreadoras clavando varillas en la tierra; si al  sacarlas tienen un olor fétido, es señal de que están sobre una fosa clandestina.

Las «Rastreadoras por la Paz», de Sinaloa. Han encontrado 30 fosas clandestinas y 50 cuerpos.

El «Colectivo Sabuesos Guerreras, A.C.», de Culiacán, Sinaloa, el cual ha recibido preparación a través de un curso de antropología forense tomado en el estado de Querétaro.

«Tesoros Perdidos. Hasta Encontrarlos», colectivo de 46 rastreadoras en Mazatlán, Sinaloa.

«Brigada Nacional de Búsqueda», conformada por rastreadores de los estados de  Guerrero, Coahuila, Sinaloa, Chihuahua y Baja California». El primer lugar donde acudieron a ayudar  fue  el estado de Veracruz.

TEMA DE LA SEMANA: MÉXICO, EL PAÍS DE LOS QUE «DESAPARECEN»

Publicado en la edición impresa de El Observador del 30 de septiembre de 2018 No.1212