La ciencia del lenguaje acaba de anunciar que las palabras positivas transforman la personalidad. Aprender a decir sí con humildad es la nueva forma para tener paz emocional y equilibrio social. ¿Cuántas veces al día te lastimas a través de tus palabras?, ¿habías escuchado que el diálogo es la respuesta a cientos de conflictos con los demás?, ¿sabías que la depresión se resuelve con estrategias de palabras que refuerzan la esperanza?

El lenguaje positivo, donde los resultados han sido exitosos y el individuo está aprendiendo a vivir en paz y armonía, se trata de nuevos hábitos de pensamiento donde la propuesta es elegir palabras que llamen al amor, la fe, la esperanza y el ánimo.

No se trata de un tema de moda sino que, al elegir un lenguaje positivo en la vida cotidiana, las relaciones sociales y afectivas se fortalecen, además de ayudar a que nos sintamos más satisfechos con nosotros mismos y con nuestros logros; el cansancio mental desaparece, por lo que se evitan diálogos agresivos y negativos.

Con un lenguaje positivo se modi-fica la percepción del mundo de aquellos que están deprimidos, por lo tanto, hablar con una selección de palabras armoniosas fortalece las virtudes y las habilidades del hombre moderno.

CHATARRA LINGÜíSTICA

Psiquiatras de la Universidad de California encontraron que el cerebro cambia cuando las personas usan palabras ne- gativas. Cuando se incorpora la palabra «no», la hormona del estrés se activa y las descargas emocionales producen sensaciones de malestar, ansiedad o ira. A este fenómeno se le ha denominado la chatarra lingüística.

Una palabra negativa es similar a la sensación de agresión física. Las malas palabras envían una orden que activa en las personas la amargura o la agresividad; lo que se conoce como «groserías» son palabras constantes y cotidianas con las que se puede afectar emocionalmente a una persona y las consecuencias son inmediatas.

Las malas palabras se acumulan en la mente y el cerebro es el vertedero de basura lingüística. Esta situación evita que podamos realizar proyectos vitales, dado que se reduce el margen de esperanza y alegría sobre uno mismo.

Palabras como flojera, no, desmotivación, aburrimiento, terribilidad, tensión, son palabras negativas que producen comportamientos negativos. Las investigaciones apuntan que el uso de nuestras palabras es el reflejo de nuestros pensamientos y sentimientos; una palabra se puede convertir en una acción, siendo el lugar donde comienza una vida desagradable.

CULTIVAR NUESTRAS PALABRAS

El hombre moderno busca equiparse de generosidad, compasión y disposición al perdón. La ciencia del lenguaje positivo indica que el hecho de cultivar nuestras palabras ayuda fuertemente a generar lazos de humanidad. Los pensamientos de ayuda y servicio a los demás están seriamente vinculados con las palabras que elegimos día a día. La integridad de los colectivos tienen un lazo de relación con las palabras que se escuchan en diferentes escenarios.

Las personas deben trabajar e imagi- narse un mundo sin guerra o caos. Por lo tanto, el comienzo de este mundo son las palabras. Existe un odio personalizado, golpeado por palabras hirientes hacia la persona misma; las capacidades humanas se han visto nubladas por el uso de un lenguaje hi- riente, despersonalizado, sin paciencia y falta de esperanza.

La relación pensamiento-palabra está vinculada al cúmulo de emociones que se experimentan a lo largo de la vida: el amor, el coraje, la valentía, la persistencia son emociones que se pueden aprender desde el lenguaje. Es por ello que debemos elegir palabras que nos ayuden a resolver situaciones. Sin embargo, esto supone un nuevo desafío mental, que comienza con el amor propio y el respeto por la persona humana.

Por: Mary Velázquez Dorantes

PALABRAS  «CON ALMA»

El hecho de poder experimentar la solidaridad, la empatía, la bondad y la misericordia está muy relacionado con el uso de las palabras que elegimos diariamente para comunicarnos. La diferencia entre palabras positivas y negativas es la diferencia entre una vida pacífica y otra caótica.

Las palabras determinan nuestra actitud frente a la vida, producen estados de salud y ayudan a la longevidad.

Crear hábitos para expresarnos positivamente ayuda a optimizar nuestro rendimiento, a crear historias positivas, a tener encuentros personales más productivos; pero, sobre todo, a evitar la enfermedad del lenguaje.

Elegir palabras bondadosas es entrenar nuestro lenguaje; por lo tanto, es la posibilidad de cambiar nuestra mente. A este ejercicio se le llama la selección de palabras «con alma».

La selección de palabras «con alma» permite mejorar en la resolución de problemas, favorece la creatividad, genera optimismo, permite mayores estados de concentración, y la energía de consumir pensamientos negativos desaparece generando mejores estados de bienestar y productividad.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 30 de septiembre de 2018 No.1212