Por Mons. Mario De Gasperín Gasperín, Obispo Emérito De Querétaro

El calendario católico dedica el mes de octubre a honrar a la Virgen María con el rezo del santo Rosario. El Papa san Juan Pablo II nos recomendó esta práctica piadosa, haciéndonos ver cómo esta oración nos lleva de la mano de María al encuentro con su hijo Jesucristo.

En efecto, la santa Madre de Jesús estuvo presente en todos los momentos graves de la vida de su Hijo y lo acompañó, siempre discreta y atenta, durante su predicación y su ministerio.

Ella es, pues, nuestra maestra en el conocimiento de su hijo Jesucristo. Rezar el Rosario es percibir el latido del corazón de Cristo llevados de la mano de quien también es Madre nuestra.

La práctica del rezo del santo Rosario se suele atribuir a santo Domingo de Guzmán, el padre y fundador de la orden de los frailes dominicos. Aquí, en nuestras tierras, nos trajeron el Evangelio y nos dejaron testimonios y monumentos valiosos de su presencia misionera. Fray Santiago Rodríguez  López, O.P., ilustre historiador que convivió con nosotros, nos dejó escrita una relación con los Datos para una breve Historia de la milagrosa Imagen de Nuestra Señora de los Dolores de Soriano, Patrona de nuestra Iglesia diocesana. Allí anota que fue «fray Luis de Guzmán quien trajo la piadosa imagen» y «la colocó en la pequeña y humilde misión de Nuestro Padre Santo Domingo de Soriano», en el ahora poblado de Colón. Nos recuerda también que «fueron los misioneros dominicos quienes sembraron en el corazón, fuerte y generoso, de los serranos el amor y la veneración a la Madre Dolorosa del Divino Redentor». Posteriormente, fue el clero diocesano quien levantó el actual hermoso templo, ahora convertido en «Basílica de Nuestra Señora de los Dolores de Soriano».

Muchos abnegados  sacerdotes han trabajado no sólo para promover el culto a nuestra Patrona diocesana, sino que se han empeñado generosamente en restaurar y dignificar la nueva Basílica y su entorno, para convertirlo en centro de evangelización y de espiritualidad diocesana. Desde su trono de gracia y misericordia la Virgen Dolorosa ha acompañado a sus hijos en sus penas desde los albores de la evangelización, y ellos han respondido agradecidos y le han dedicado numerosos recuerdos o «exvotos», que popularmente conocemos como «milagros».

Muchos fueron los pintores populares que, desde su arte y su devoción, interpretaron y plasmaron en lámina o en trozos de papel estos testimonios de fe y gratitud.

Estos «milagros» y testimonios de favores recibidos por los fieles encomendados a la protección de la Virgen, se cuentan por cientos, y son expresión valiosa del arte del pueblo católico, iluminado por su fe. Son, sobe todo, testimonios fehacientes de que la Virgen Santísima responde siempre a la fe sincera y limpia del  humilde creyente.

Allí podemos comprobar con certeza lo que la Iglesia nos enseña acerca de la devoción a la Virgen Santísima en la plegaria del «Acordaos», atribuida a San Bernardo: «Acuérdate, oh piadosísima  Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección, implorado tu auxilio y reclamado tu socorro, haya sido desamparado de Ti». Oración que el «Compendio» del Catecismo católico recomienda completa.

El milagro no es magia, sino la respuesta de Dios a la fe del creyente. La oración humilde es la que abre el corazón de Dios y su Madre santísima la que le mueve la mano para socorrernos. En el Museo de los Milagros de la Basílica de Nuestra Señora de los Dolores de Soriano puede comprobarlo. Visítelo y ante su Imagen piadosa desgrane su Rosario.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 30 de septiembre de 2018 No.1212