Por Diana R. García B.

El papado fue establecido por  el propio Jesucristo al asignarle a Simón Pedro un papel prominente sobre el resto de los Apóstoles y sobre toda la comunidad cristiana.

Lo que Cristo estableció

Si bien Jesús dijo a todos sus Apóstoles: «Yo les aseguro que todo lo que aten en la Tierra quedará atado en el Cielo, y todo lo que desaten en la Tierra quedará desatado en el Cielo» (Mt 18, 18), no se trata sino de una extensión, al cuerpo colegiado de los ministros de la Iglesia, de los poderes antes conferidos a san Pedro de manera no colectiva sino individual: «Tú eres Roca [Kefa, Pedro], y sobre esta Roca edificaré mi Iglesia… A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la Tierra quedará atado en el Cielo, y lo que desates en la Tierra quedará desatado en el Cielo» (Mt 16, 18-19).

También le dijo:  «Apacienta mis corderos…Apacienta mis ovejas» (Jn 21, 15-17); sin embargo, la misión de ser pastores también se extiende a los demás ministros ordenados. Pero es durante la Última Cena que Cristo le encomienda a Simón Pedro su particular misión: «Yo he rogado por ti para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos» (Lc 22, 31).

Ésa será en adelante la tarea específica de san Pedro y de sus sucesores, es decir, la esencia o razón de ser del misterio petrino: confirmar a los cristianos en la fe auténtica.

Si esto no se cumple, se da lugar a confusiones, herejías y divisiones. Efectivamente, como explicó Benedicto XVI  el 29 de junio de 2010,  «en dos mil años de historia», lo peor para la iglesia no han sido las persecusiones, sino que «el daño mayor, de hecho, ella lo sufre de aquello que contamina la fe y la vida cristiana». De ahí la necesidad del papado como garantía «de la plena adhesión a la Verdad, a la auténtica Tradición».

INFALIBLE, NO IMPECABLE

Ser Papa no significa necesariamente ser más santo que el resto de los cristianos. Lo que Dios realiza a través de su vicario en turno es por pura Gracia. Por eso Juan Pablo II se refirió al ministerio petrino como «misión indispensable, que no se basa en prerrogativas humanas, sino en Cristo mismo como Piedra Angular de la comunidad eclesial».

En 1870 el concilio Vaticano I enseñó: «Definimos ser dogma divinamente revelado que el Romano Pontífice, cuando habla ex cathedra, esto es, cuando, ejerciendo su cargo de pastor y doctor de todos los cristianos, en virtud de su suprema autoridad apostólica, define una doctrina de fe o costumbres y enseña que debe ser sostenida por toda la Iglesia, posee, por la asistencia divina que le fue prometida en el bienaventurado Pedro, aquella infalibilidad de la que el divino Redentor quiso que gozara su Iglesia».

Pero con muchísima frecuencia este dogma se entiende mal: se cree que el Papa nunca se equivoca (inerrabilidad) y que está libre de cometer pecados (impecabilidad). Esta visión distorsionada lleva a una especie de papolatría, que da por hecho que todo lo que un pontífice haga o diga es bueno y santo.

ACCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO

Sin embargo, la garantía de asistencia del Espíritu Santo sólo tiene lugar cuando Pedro o sus sucesores ejercen su magisterio extraordinario. Pero, aun sin hacer una sola definición ex cathedra,  ha habido pontífices que probablemente poco o nada se equivocaron en sus acciones y pronunciamientos dentro de su ministerio ordinario, y esto ocurrió porque se apegaron a la santa doctrina revelada por Dios y transmitida por la Iglesia desde los Apóstoles. Otros Papas, en cambio, han tenido fallas dentro de su ministerio ordinario, y sobre todo en lo que corresponde a obras y palabras a título personal.

También sobre la elección de los Papas se suele tener una visión idealizada que no siempre concuerda con la realidad. Lo explicó el cardenal Joseph Ratzinger (futuro Benedicto XVI) en 1997:

«Hay muchos Papas que el Espíritu Santo probablemente no habría elegido. El papel del Espíritu Santo hay que entenderlo de un modo más flexible. No es que dicte el candidato por el que hay que votar. Probablemente, la única garantía que ofrece es que nosotros no arruinemos totalmente las cosas».

Y, sí, la historia muestra que ha habido vicarios de Cristo con comportamientos realmente vergonzosos: corruptos, torturadores, asesinos, ambiciosos, etc. Incluso en materia de impureza , por ejemplo: Sergio III, que antes de ser Papa tuvo con una prostituta un hijo que se convirtió en el Papa sucesor; Julio II, que tuvo una hija ilegítima cuando ya era sacerdote pero antes de ser Papa; Pablo III, que  tuvo cuatro hijos ilegítimos antes de asumir su pontificado; Pío IV, que tuvo tres hijos ilegítimos antes de su elección como vicario de Cristo. Y, ya dentro de sus respectivos pontificados, Juan X sostuvo amoríos con una mujer y su hija; Juan XII, convertido en Papa a los 18 años de edad, cometió incesto con su madre, sus dos hermanas y su sobrina; Alejandro VI tuvo varias amantes y entre siete y diez hijos ilegítimos; y Benedicto IX, que se convirtió en Papa en tres ocasiones distintas,  no sólo cometió muchos adulterios, sino también sodomía, bestialidad y, probablemente, pederastia, o al menos la legitimó al afirmar que ésta no era pecado.

Es que Dios nunca quita la libertad a nadie, ni siquiera a los Papas. Por esa misma libertad, incluso un Pontífice podría convertirse en hereje; en tal caso, advierten san Antonio, san Francisco de Sales y san Roberto Belarmino, dicho Papa dejaría de serlo porque ya no sería cristiano ni miembro de la Iglesia.

LA IGLESIA NO SERÁ DESTRUIDA

A pesar de los muchos malos ejemplos históricos, ha habido igualmente un número alto de Papas santos, para gloria de Dios. A la fecha, de un total de 266 pontífices, 81 han sido canonizados.

Para el presente y para el futuro, igual vengan Papas buenos que malos, la promesa de Cristo para su Iglesia no fallará: «El poder de la Muerte no prevalecerá contra ella» (Mt 16, 16). Dios anuncia en su Palabra que en algún momento habrá una apostasía generalizada (cfr. Lc 18, 8; II Tes 2, 3; Ap 13, 4) por lo que parecerá que la Iglesia desapareció; pero en realidad sobrevivirá en el Resto Fiel o Iglesia Remanente. Así  le fue revelado a la beata Ana Catalina Emmerick: «Aunque no hubiera en la Tierra sino un solo católico, ése sería la Iglesia única y universal».

TEMA DE LA SEMANA: OBJETIVO: ¿DERRIBAR A PEDRO?

Publicado en la edición impresa de El Observador del 14 de octubre de 2018 No.1214