Aclaraciones del presbítero Humberto Mauro Marsich, misionero xaveriano y doctor en teología moral. Nacido en Eslovenia, tiene nacionalidad italiana pero se autodefine como «de corazón mexicano y de habla náhuatl»

Por Chucho Picón

Padre, a bocajarro, dígame: ¿la Iglesia siempre ha sido abierta y misericordiosa hacia los divorciados, o esto es algo innovador del Papa Francisco?

▶ Es una novedad pastoral del Papa Francisco. A lo largo de la historia había habido siempre una persecución sutil, o a veces muy fuerte, en contra de aquellos que no respetaban los cánones del matrimonio sacramental eclesiástico; y, por lo tanto, esto siempre había sido condenado y había sido interpretado como situación de pecado. Afortunadamente, debemos reconsiderar esta fortuna.

En primer lugar, un matrimonio natural no vive en situación de pecado. El matrimonio natural es obra divina, es obra de Dios; por lo tanto, no podemos condenar a nadie; y menos considerarlo estado de pecado.

En segundo lugar hay que hablar de los bautizados, porque para los bautizados sí cambia la música en el sentido de que, para ellos, el único matrimonio válido es el matrimonio celebrado sacramentalmente. Además, no hay que verlo como una obligación, sino hay que verlo como un regalo del Padre para sus hijos el día de la boda; ver este aspecto fabuloso, precioso; es un perla el sacramento del matrimonio. Por lo tanto, hay que apreciarlo en su justo valor.

Para los bautizados, repito, matrimonio es solamente aquel que es celebrado sacramentalmente, pero no tanto como obligación, sino para que no pierdan esta oportunidad maravillosa de recibir el regalo que Dios Padre ha preparado para sus hijos el día de la boda: el sacramento del matrimonio.

Viéndolo desde esta perspectiva, yo creo que todo el mundo ha de desear recibir el regalo del Padre, la perla preciosa. No hay que insistir sobre el aspecto pecaminoso, obligatorio porque se van al Infierno; ¡no, no, no! El matrimonio natural es obra de Dios, obra divina; por lo tanto, adelante con el matrimonio natural. Pero para los bautizados sería demasiado poco; para los bautizados hay otra oferta, la del Padre para sus hijos.

En el sacramento hay que ver también esa mano extendida de Cristo; que tiende la mano a aquellos que reciben el sacramento del matrimonio. Les tiende la mano, ¿para qué?, para que la pareja se aferre de esa mano y se deje conducir por el Señor a lo largo de toda su vida. ¡Nunca suelten esa mano! ¡Siéntanla cálida y déjense conducir por Él hasta el final de su matrimonio, hasta el final de la vida!

Padre Marsich, hay una confusión enorme en redes sociales sobre si los casados en la Iglesia católica, divorciados y vueltos a casar, pueden comulgar. ¿Pueden o no pueden?

▶ Si debemos solucionarlo matemáticamente, la respuesta es no. Pero la propuesta en Amoris laetitia es que se les dé acompañamiento, se haga discernimiento con ellos, se actúe con misericordia y dejándose conducir por el pastor de la comunidad cristiana; y si después de un proceso bien hecho se puede llegar a compartir la alegría de una integración, también en la comunión eucarística, bienvenido sea. Así es la indicación que nos deja el Papa en Amoris laetitia.

Desde luego, en el caso de los divorciados vueltos a casar, hay que tomar en consideración que ya han vivido el sufrimiento de una separación o un divorcio, y obligarlos a sufrir mayormente excluyéndolos de la riqueza de la Iglesia que es la comunión eucarística, sería aumentar el dolor y el sufrimiento.

Seamos misericordiosos pero, claro, siempre y cuando se respeten los pasos: discernimiento, arrepentimiento, acompañamiento, y así llegaremos a la inserción, a la integración, a la vida plena de la comunidad cristiana.

¿No se podría correr el riesgo de que esto quede abierto para abusos o excesos, de manera que los divorciados vueltos a casar utilicen el discernimiento como un pretexto para incurrir en una falta?

▶ Siempre existe esa posibilidad. Exactamente necesitamos el discernimiento bien hecho por parte del pastor, de manera que no se ridiculice el matrimonio por ninguna razón del mundo; sino más bien insistir sobre las cuatro etapas: la etapa de la misericordia, la etapa del discernimiento, la etapa del perdón y la etapa de la integración. Si se respetan las cuatro etapas indicadas por el Papa, seguramente se evitará el riesgo de ridiculizar el sacramento del matrimonio.

¿Qué le diría usted al esposo o a la esposa que ya no ama a su cónyuge, que ya no le atrae? ¿Cómo rescatar ese amor y evitar la tentación de irse con una más joven o con uno más joven?

▶ Hay que revivir el amor único de su vida. Luego hay que consolidarlo con el perdón recíproco. Hay que fortalecerlo también con la vida espiritual, con participar en la Eucaristía dominical. Pero principalmente sabiéndose perdonar. El perdón es la capacidad de la gente grande; la gente grande sabe perdonar; es importante sentirse gente grande. Cuando el matrimonio logra superar el problema, cuando logra abrazarse nuevamente, darse el perdón y reavivar ese amor que ha sido opacado a lo largo del tiempo, puede revivirlo con pasión, revivirlo con paciencia. ¡Ánimo, siempre es posible rescatar cualquier situación de matrimonio!

Publicado en la edición impresa de El Observador del 4 de noviembre de 2018 No.1215