Hemos oído mil veces que el nuevo gobierno del presidente López Obrador va a tener 500.000 millones de pesos para gasto social, producto de eliminar la corrupción.  ¿Dónde?  No se sabe.  ¿Cuándo?  Tampoco.  Pero de que escuchó un reclamo y lo tradujo en propuesta de campaña y mensaje de cambio, no hay la menor duda.  Que le dio el resultado electoral que esperaba, tampoco.  Más bien, lo sobrepasó.

En efecto, el principal lastre que trae arrastrando México es el lastre de la corrupción.  Pero, ojo, de la corrupción generalizada (y no solo en el ámbito político o policiaco, como algunos han querido dar a entender).  La corrupción como pecado.  Pecado personal y pecado social.

El cardenal Bergoglio –hoy Papa Francisco—dio una serie de conferencias en las semanas sociales de Argentina sobre el tema “Corrupción y pecado”.  Ahí acuñó una frase que debe ser entendida como metáfora de todas las corrupciones que nos aquejan y que debemos desterrar en México: tener “características de lombriz” por miedo a la luz (a la verdad, al bien hacer y al bien ser); vivir, como las lombrices, “en tinieblas y bajo tierra”.

México necesita días de luz.  Los días que presagiaba Octavio Paz en su última aparición en público, allá por 1997.  Necesita cero ciudadanos(as) con características de lombrices y muchos más que afirmen, con Francisco, que son pecadores, sí, pero corruptos jamás.  Que afirmen la prevalencia de la luz sobre los negocios, los tratos, las componendas “en lo oscurito”.

“El corrupto ha construido una autoestima basada, precisamente, en ese tipo de conductas tramposas, camina por la vida por los atajos del ventajismo a precio de su propia dignidad y de la de los demás.  El corrupto tiene cara de yo no fui, ‘cara de estampita’ decía mi abuela.  Merecería un doctorado honoris causa en cosmetología social.  Y lo peor es que termina creyéndoselo.  ¡Y qué difícil es que allí entre la profecía!  Por ello, aunque digamos ‘pecador sí’, gritemos con fuerza: ‘¡pero corrupto, no!’”, decía Bergoglio.

La corrupción desmorona a la persona y a la sociedad.  Les quita piso y afecta a todos.  También ofende a Dios.  Principalmente lo ofende a Él.  Pero eso no lo dicen los políticos.  Ni lo dirán nunca.

El Observador de la Actualidad

TEMA DE LA SEMANA: DE CARA A LOS PRÓXIMOS SEIS AÑOS

Publicado en la edición impresa de El Observador del 2 de diciembre de 2018 No.1221