El conocido sacerdote y comunicador dominico, Fray Nelson Medina, nos da siete pasos para enfrentar el dolor de la frustración cuando nos damos cuenta de que, a veces, la voluntad o los tiempos de Dios no son los nuestros:

Salir al encuentro de Jesús

No cometas el error de encerrarte en tu dolor, de encerrarte en esa que será tu prisión porque pronto pasará a ser tu tumba. ¡Hay que salir! ¿A dónde? ¡Al encuentro de nuestro Señor! En términos prácticos, esto se traduce a encontrarlo en la Palabra, en la oración, la adoración, la santa Misa, una buena predicación.

Desnudar el alma ante Dios

Así como Él estuvo desnudo en la cruz, con el alma desnuda, derramemos nuestra amargura ante el Señor: «Esto no era lo que yo quería, Señor». Fray Nelson insiste: «No derrames tu amargura en otro altar. Solo hay un altar que es digno de tus lágrimas: el altar de Jesucristo».

Fe por encima de mis razones

Hay muchas cosas que uno no entiende, dice Fray Nelson, pero por encima de lo que yo entienda o no entienda, está Dios: «por encima incluso de mi conciencia» (1 Jn 3, 20).

La luz más alta que tiene el ser humano que está en gracia de Dios es su conciencia. Y, por encima de mi luz más alta, está la Luz de Dios.

Voluntad de obediencia

Estemos conscientes de que la última palabra la tiene el Señor; por lo tanto, confiemos en Él, en su poder y en su amor por nosotros.

Compartir la fe

Aun antes de que suceda el milagro, Marta llama a su hermana María para que salga también al encuentro del Señor. Hagamos nosotros lo mismo, compartamos la alegría de poseer en nuestro corazón el don de la fe.

Tener cuidado de la consolación puramente humana

Fiarse demasiado de este tipo de consuelo puede convertirse en un obstáculo que nos separa de Jesucristo. Preferir el cariño humano puede volverse un impedimento para vivir la gloria de Dios.

Prepararnos

Combate adentro porque uno se cansa y nos cuesta creer y mantener la fe. Combate afuera porque querrán arrastrarnos hacia los ídolos. La fe sigue y el combate sigue. Solo la gracia de Dios nos puede preparar y hacer que nos mantengamos fieles a su amor.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 6 de enero de 2019 No.1226