Por Luis Antonio Hernández / Director de VotoCatolico.mx

La Cuaresma es un tiempo muy especial, un periodo propicio para la autoreflexión, para el encuentro con Dios, con nuestros hermanos y con nosotros mismos.

Después de varios meses de división y confrontación entre mexicanos, este periodo cuaresmal se presenta para nuestro país como una nueva oportunidad para buscar la unidad y la reconciliación nacional.

Para ello es necesario volver a cultivar un diálogo auténtico y sincero encaminado a promover la fraternidad, la cercanía y la ayuda mutua, a hacer posible que la sociedad vuelva a experimentar la paz y armonía.

Frente esta coyuntura los católicos, como el segmento mayoritario de la población, tenemos la responsabilidad de sumarnos decididamente a este propósito, buscando que nuestro esfuerzo contagie a un mayor número de personas.

En las últimas semanas hemos sido testigos de la polarización que algunos temas de la agenda política, como la defensa de la vida y la familia, así como las acciones y la estrategia de comunicación del nuevo gobierno, producen en diversos sectores de la población, llevando las prefereancias políticas y las diferencias de pensamiento a extremos que ponen en riesgo no solo la sana convivencia social, sino también el desarrollo de México.

A poco más de cien días de haber iniciado la nueva administración los canales de comunicación, así como la capacidad de escucha y tolerancia no solamente del propio presidente de la República, y los integrantes de su equipo, sino también de sus seguidores, hacia aquellos que difieren de su ideología, prácticamente han desaparecido, convirtiendo el ejercicio de gobierno en un monologo que condena la diversidad de opiniones, la pluralidad y destruye la democracia.

No dejemos transcurrir en vano este tiempo favorable. Como sociedad debemos tener claro que nuestras acciones tienen consecuencias positivas o negativas. Dejemos el egoísmo de lado, abandonemos la mirada fija en nosotros, reforcemos la solidaridad, señalemos a nuestros gobernantes y legisladores por los cauces que la democracia pone a nuestra disposición, el rumbo que deseamos para nuestro país, construyamos juntos la casa que buscamos para nuestra familia, para nuestros hijos.

Es en la unidad, la disposición, la humildad y la conversión donde se empieza a dibujar el futuro que queremos, el proyecto de nación que anhelamos la mayoría de los mexicanos.

Esta Cuaresma aprendamos a decir «Padre» y a poder decir «nuestro», siendo prójimos con los demás, haciendo la paz con quienes piensen diferente a nosotros.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 31 de marzo de 2019 No.1238