Por Arturo Maximiliano García

Sólo los súper héroes no se enferman. Los mortales podemos sufrir, con cierta frecuencia, de algún tipo de padecimiento: algunos pasajeros, a los que si le damos los cuidados adecuados no son de gravedad, aunque otros requieren necesariamente de tratamientos que frecuentemente implica tomar medicinas. Pero debes saber que hay medicinas de las buenas y de las piratas.

A veces recurrimos a lugares distintos a la farmacia para comprar medicinas, como son las misceláneas, tianguis o incluso en la calle con vendedores que están cerca de los hospitales para ofrecernos los «mismos productos» a menor precio.

En estos casos se trata normalmente de medicamentos apócrifos, piratas, o que también les llaman clonados.

Estos mercados negros existen; al menos el 9% de las medicinas se vende sin receta y proviene precisamente de venta ilegal, donde puedes encontrar medicinas robadas, caducas o falsificadas en su contenido.

El problema con los medicamentos apócrifos no siempre es que estén compuestos de elementos que afecten la salud, sino que simplemente no contienen ninguna sustancia. Cuando se trata de una enfermedad digamos leve, lo mejor que puede pasar es que la medicina pirata que nos tomamos nos haga un efecto placebo, en el que los síntomas mejoran o incluso la enfermedad desaparece al influenciar la mente al cuerpo, o por otro lado que de plano no mejoren los síntomas, por lo que habremos desperdiciado nuestro dinero, teniendo probablemente que comprar de nuevo el medicamento en una farmacia.

Sin embargo, existen enfermedades denominadas crónico degenerativas que deben ser controladas con medicamentos o las condiciones del enfermo empeorarán, en algunos casos poniendo en riesgo hasta su vida si se toman medicinas piratas, ya que estas no contienen lo necesario para frenar los efectos de ese tipo de padecimientos.

Por lo anterior, ahorrar dinero con medicinas de dudosa procedencia puede ser uno de los errores más graves que cometamos.

Los medicamentos piratas existen

Se trata de una de las actividades ilícitas más lucrativas del país, un mercado negro que se estima vale en 13 mil y 30 mil millones de pesos al año.

¿Cómo detectarlos?

En primer lugar, por el precio al que te lo venden. Si es muy barato, duda de la procedencia de los mismos. No caigas en el cuento de que es porque compran directo de laboratorios o cualquier otra historia similar. Recuerda, cuando parece muy bueno para ser verdad, normalmente hay algo malo. Por otro lado, si se vende a granel, es decir en pastillas sueltas, es razón suficiente para desconfiar, si está en envases abiertos o sin fecha de caducidad o que ésta se vea alterada, puedes tener elementos para pensar que son medicamentos apócrifos.

¿Qué tipo de medicamentos apócrifos son los más comunes?

En realidad, ante la duda sobre la autenticidad o caducidad del producto, debe dudarse de cualquiera, pero los que más se falsifican son aquellos para tratar enfermedades crónico degenerativas, como las cardiacas, respiratorias, así como para controlar la presión, lípidos altos, diabetes y también aquellos para la disfunción eréctil como es el caso del popular Viagra. Otros populares son Clamoxin, Acromicina, Amoxicilina y Pentrexyl.

Genéricos vs apócrifos

Sí puede haber medicinas más baratas en farmacias legalmente establecidas. Se trata de los genéricos y éstos contienen la misma sustancia o principio activo que aquellos comercializados por la marca original que desarrolló el medicamento y que tuvo por un tiempo la exclusividad para su venta. Una vez terminado ese período, la fórmula original puede ser copiada, por así decirlo, por otros laboratorios y ser vendida a un precio más barato.

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Publicado en la edición impresa de El Observador del 24 de marzo de 2019 No.1237