Por Tomás de Híjar Ornelas, Pbro.

 …actos injustificables e inhumanos de terrorismo… espero que todo el mundo condene estos atentados.

Papa Francisco

Dos tragedias en al ámbito internacional marcaron la Semana Santa del 2019.

El lunes 15 de abril un incendio devoró la techumbre y algo de las bóvedas de la Catedral de Notre Dame de París, uno de los monumentos más preclaros de la humanidad. La causa: un descuido por parte del equipo que atendía obras de restauración y mantenimiento de las cubiertas de edificio, provocando daños irreversibles al monumento más emblemático de la Ciudad Luz, tanto por su antigüedad y grandiosa concepción como por los portentos acumulados durante muchos siglos.

La saeta clavada en el corazón de la capital de Francia hirió aún más la fe católica en un país donde la Iglesia ha recibido en las últimas semanas sacudidas tan bruscas como la condena judicial del primado de las Galias, Cardenal Philippe Barbarin, arzobispo de Lyon, por cargos que él niega, y la profanación de algunos templos, entre ellos el de Saint-Sulpice, el más grande de París después de la catedral.

No inferimos que ello una racha de furor anticristiano como la desgarradora que ya tuvo Francia en los últimos años del siglo XVIII, pero sí una brecha que sólo se resolverá suturando la brecha que ahora separa al clero de la fe del pueblo.

Actualmente, las catedrales y los templos en las zonas fundacionales europeas son casi todos museos y hasta hay que pagar para visitarlos debido al desapego de una feligresía cada vez más exigua. Se construyeron en tiempos de bonanza confesional y han terminado por volverse un peso imposible de sostener para sus custodios al grado que en algunos lugares hasta se han puesto en venta.

La otra ocurrió el Domingo de Pascua 21 de abril en la republica de Sri Lanka, antes Ceilán, isla del golfo de Bengala, al sur de la india. En esa jornada varios atentados terroristas en dos templos católicos y uno evangélico, tres hoteles y un hostal, costaron la vida de casi 300 personas dejando heridas a unas 500. La responsabilidad de los hechos apunta al grupo yihadista National Thowheeth Jama’ath.

Mientras eso se aclara, nadie duda que la fecha y los lugares elegidos llevan como marca el repudio a la cultura cristiano occidental abrazada por casi todos los fallecidos, en su mayoría ciudadanos del país, pero también al capitalismo, con el que se le relaciona. De los 21 millones de habitantes de Sri Lanka el 70 % son budista, el 12% profesan la religión tamil, de raíz hindú, hay un 10% de musulmanes y un 7% de cristianos.

De ambos sucesos nos queda a los católicos de México, para mejor vivir la Pascua apenas inaugurada, dos retos: la urgencia de ser conscientes de nuestra vulnerabilidad y corresponsables del sentido del deber por la calidad de vida de nuestra casa común, el planeta Tierra.

Si entre nosotros el vacío espiritual está llenando de sinsentido, barbarie y odio a niños, adolescentes y jóvenes, al tiempo que aumenta hasta lo incalculable el número de los excluidos, de los que no tienen nada que perder y que por eso están dispuestos a todo, es porque los cristianos no hacemos lo que nos toca.

Propongo, desde estas desgracias, releer los testimonios de la Resurrección del Señor en clave femenina, pues inducen a la Iglesia a recobrar la esencia femenino – maternal con la que nació al haber sido mujeres las primeras en enterarse del triunfo de Cristo sobre la muerte.

Si lo hace, pondrá un remedio eficaz al acelerado ocaso de las instituciones, de las leyes y de las ideologías que dieron vida al hoy por hoy caduco y obsoleto Estado de bienestar.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 28 de abril de 2019 No.1242