El jefe de la oficina del presidente López Obrador, el empresario y jinete regiomontano don Alfonso Romo, ha dicho que el parón de la economía mexicana durante el primer trimestre de este año fue «una cachetadita», pero que, como cuando te caes del caballo, te vuelves a subir y… montas mejor.

Bueno, ejemplos ecuestres aparte, lo cierto es que de «cachetadita» no tuvo nada. Más bien se trató de un bofetón. Lejos de crecer, el Producto Interno Bruto bajo 0.2 por ciento; la inversión fija cayó más de 2 por ciento (-2.5 en febrero) y nuestro país bajó ocho lugares en atractivo para invertir, según la firma AT Kearney. Las calificadoras están viendo la posibilidad de bajar el grado de inversión a México, y Pemex va directo a la súper quiebra… Por otra parte, el SAT anunció que había logrado una cifra histórica en recaudación por vía de auditorías el primer trimestre de 2019, llegando a 45,000 millones de pesos.

¿Qué quiere decir esto? Que estamos pavimentando el camino del populismo económico. Muchos impuestos, poca inversión, menor generación de empleo, menor atractivo para la inversión nacional y extranjera directa, mucho dinero dispersado o regalado y, desde luego, toneladas de justificaciones de por qué vamos, decididamente, a la conquista del hambre… Nunca un país ha generado riqueza para repartirla elevando tasas impositivas a los que ya pagan impuestos. Nunca. La riqueza se produce con trabajo. Y el trabajo se da porque hay inversión. No se necesitan clases de economía para darse cuenta de esta verdad del tamaño de una catedral.

Lo que nos ha regalado este primer semestre de 2019 es un panorama muy lejano a una «cachetadita» en el rostro de la Patria. Ha desatado una peligrosa división. El ataque a la corrupción comienza por honrar la verdad.

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD

Publicado en la edición impresa de El Observador del 12 de mayo de 2019 No.1244