El Papa a los jóvenes, paso a paso / 3

Un joven ya no es un niño. En ese momento de su vida comienza a tomar distintas responsabilidades, participando con los adultos en el desarrollo de la familia, de la sociedad, de la Iglesia. Por ello, es indispensable saber ¿cómo viven, qué piensan, qué buscan?

Redacción

En el tercer capítulo de la Exhortación Apostólica Christus vivit, el Papa Francisco le recuerda a la Iglesia y a la sociedad la importancia de escuchar a los jóvenes, de no hacer juicios de valor sin antes permitirles hacer alguna aportación y, a los jóvenes, los llama a no buscar placeres pasajeros.

«A veces predomina la tendencia a dar respuestas preconfeccionadas y recetas preparadas, sin dejar que las preguntas de los jóvenes se planteen con su novedad y sin aceptar su provocación. En cambio, cuando la Iglesia abandona esquemas rígidos y se abre a la escucha disponible y atenta de los jóvenes, esta empatía la enriquece, porque permite que los jóvenes den su aportación a la comunidad, ayudándola a abrirse a nuevas sensibilidades y plantearse preguntas inéditas».

La difícil tarea de saber guiarlos

Por el hecho de tener mayor edad los adultos suelen recalcar los defectos de la juventud actual y lo único que se logra es que se alejen más tanto de la familia como de la Iglesia. Por ello, quien esté a cargo de los jóvenes, recuerda Francisco, debe ser un guía, un pastor que los ayude «a encontrar la pequeña llama que continúa ardiendo, la caña que parece quebrarse, pero que sin embargo todavía no se rompe». Con esto, los jóvenes tendrán la capacidad para encontrar caminos donde otros ven sólo murallas y la habilidad de ver posibilidades donde otros ven solamente peligros. «Así es la mirada de Dios Padre, capaz de valorar y alimentar las semillas bien sembradas en los corazones de los jóvenes».

La diversidad

La Iglesia es universal; por tanto, hay numerosas diferencias de contextos y culturas, incluso entre los jóvenes de un mismo país. Algunos jóvenes pueden tener una vida normal, dentro de los estándares de bienestar, y al mismo tiempo, otros pueden estar sufriendo por la persecución. Otros, en tanto, tienen mayores oportunidades en contraste con aquellos que se ven afectados por la exclusión y el descarte. Los jóvenes tienen vidas concretas, y esas vidas están expuestas al sufrimiento y a la manipulación.

Muchos jóvenes son utilizados y aprovechados para destruir, amedrentar o ridiculizar a otros y muchos son convertidos en seres individualistas, enemigos o desconfiados de todos.

En México

En México por ejemplo, de los casi 40 millones de jóvenes que existen la mitad de ellos vive en condiciones de pobreza, ha sido víctima de algún acto de discriminación o se le ha impedido el reconocimiento de sus derechos, de acuerdo con el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED).

Según la CONAPRED, el problema principal de los jóvenes en México reside en que casi la mitad de la población total vive en situación de pobreza, lo que coloca a 14 millones de personas jóvenes en esta situación.

También resalta que 19.7 millones de jóvenes tiene ingresos menores a la línea de bienestar económico; los jóvenes que viven en el campo se llevan la peor parte.

La discriminación de la que habla el Papa en la Exhortación es un tema prioritario, pues cada vez más jóvenes en México son discriminados por diversas situaciones, entre ellas, su condición social, su apariencia física, la escuela donde estudiaron, el lugar donde viven, o incluso sus publicaciones en redes sociales.

La educación, las carencias sociales, la salud y la falta de oportunidades son otros de los temas que requieren de especial atención por parte de la familia, la sociedad, las autoridades y la misma Iglesia.

El Papa llama a la Iglesia a ser madre, «a llorar frente a los dramas de sus hijos jóvenes». Llama a la sociedad a ser madre solidaria. Llama a los poderosos a prestar ayuda sin que sea a un alto costo. «Lo peor que podemos hacer es aplicar la receta del espíritu mundano que consiste en anestesiar a los jóvenes con otras noticias, con otras distracciones, con banalidades».

La salida

El Papa Francisco, recuerda a los jóvenes la buena noticia que nos regaló la mañana de la Resurrección: «que en todas las situaciones oscuras o dolorosas que mencionamos hay salida».

En los jóvenes también están los golpes, los fracasos, los recuerdos tristes clavados en el alma. Muchas veces «son las heridas de las derrotas de la propia historia, de los deseos frustrados, de las discriminaciones e injusticias sufridas, del no haberse sentido amados o reconocidos». Además «están las heridas morales, el peso de los propios errores, los sentimientos de culpa por haberse equivocado». Jesús se hace presente en esas cruces de los jóvenes, para ofrecerles su amistad, su alivio, su compañía sanadora, y la Iglesia quiere ser su instrumento en este camino hacia la restauración interior y la paz del corazón.

Ser joven no es sólo la búsqueda de placeres pasajeros y de éxitos superficiales. Para que la juventud cumpla la finalidad que tiene en el recorrido de tu vida, debe ser un tiempo de entrega generosa, de ofrenda sincera, de sacrificios que duelen pero que nos vuelven fecundos.

Fuente: Exhortación Apostólica Christus vivit

Con este Soneto, Francisco anima a los jóvenes

Si para recobrar lo recobrado
debí perder primero lo perdido,
si para conseguir lo conseguido
tuve que soportar lo soportado,
Si para estar ahora enamorado
fue menester haber estado herido,
tengo por bien sufrido lo sufrido,
tengo por bien llorado lo llorado.
Porque después de todo he comprobado
que no se goza bien de lo gozado
sino después de haberlo padecido.
Porque después de todo he comprendido
que lo que el árbol tiene de florido
vive de lo que tiene sepultado .

Autor: Francisco Luis Bernárdez

Publicado en la edición impresa de El Observador del 28 de abril de 2019 No.1242